diumenge, 7 de febrer del 2021

Portugal, 2- Gales, 0 (Euro 2016-Semifinales)

125. Nani (2-0)

Que el fútbol saca de la pobreza a muchos jugadores no es ningún estereotipo. Aunque cada vez hay menos que provienen directamente de la calle y la mayoría de ellos ya se forman en las academias de los principales equipos del mundo, aun los hay que han llegado a lo máximo después de arrancar desde un estrato de la sociedad que les concedía mínimas posibilidades de triunfar en la vida. Pero esto le pasó a Luis Carlos Almeida de Cunha, más conocido, por culpa del apelativo que le puso una hermana, como Nani.


Nació en una de las colonias portuguesas de ultramar, Cabo Verde, al oeste de África. Ahora mismo, el archipiélago tiene una selección competitiva y muchos futbolistas que no han nacido allí pero tienen antecesores defienden sus colores, pero hace un par de décadas pasaba más bien al revés, que los procedentes de allí querían salir como antes mejor y jugar por Portugal. Nani es de Praia, la capital, pero pronto se trasladó a la metrópoli con sus padres, en concreto en el distrito de Amadora, uno de los más conflictivos de Lisboa.

A los cinco años, el padre abandonó a una familia no muy estructurada. De hecho, Nani tiene cinco hermanos con el padre en común y nueve con los que comparte madre. Además, cuando cumplió nueve años, vio como ella tenía que emigrar a los Países Bajos a buscar una vida mejor y dejaba a los hijos, él incluido, a cargo de su tía. Si había un camino para subir en la escala social, más complicado no lo podía tener. Pero su pasión era el fútbol. Se pasaba el día jugando y desarrolló unas habilidades que no se enseñan en ninguna escuela. Comenzó a jugar con equipo de barrio llamado Massama y allí fue captado por un cazatalentos del Sporting de Portugal. A los 14 años ya formaba parte de los leones de Alvalade.

Con 19 años, en 2005, debutó en el primer equipo. Estuvo dos temporadas, en las que ganó una Copa. En 2007, recomendado por Cristiano Ronaldo, que había ido al Manchester United cuatro años antes, aterrizó en Old Trafford dispuesto a triunfar en el equipo de Alex Ferguson. En la primera temporada fue campeón de la Champions. Él jugó 19 minutos de la final y no dudó de lanzar un penalti decisivo que, de haberlo errado, hubiera dado el trofeo al Chelsea. El siguiente fue el que falló John Terry, con resbalón incluido. Nani jugó ocho temporadas en Manchester, en el que también ganó cuatro ligas, dos Copas y un mundial de clubes, pero casi nunca se llegó a consagrar como uno de los titulares del equipo.

Paralelamente, fue participando en todos los campeonatos con la selección portuguesa. Fue cuartofinalista en la Eurocopa de 2008 y llegó a semifinales en el torneo europeo del 2012. En medio, se perdió el mundial de Sudáfrica de 2010 por culpa de una lesión en el hombro pocos días antes del torneo. Todo el mundo le reconocía siempre un gran talento, al que faltaba continuidad, parada a menudo por lesiones musculares. En 2014, tras participar en el mundial de Brasil, en el que quedó eliminado en la primera fase, pero donde obtuvo su primer gol en un gran certamen de selecciones, contra Estados Unidos, puso fin a su etapa en el United .

Con 28 años volvió al Sporting, con el que ganó una Copa. El verano siguiente fichó por el Fenerbahçe y fue tras su única temporada en el conjunto turco cuando afrontó la Eurocopa de 2016 en Francia, un torneo en el que, contrariamente a lo que le había sucedido durante toda su carrera, Fernando Santos le dio el rol de titular.


El gol

Y Nani lo aprovechó con una gran actuación. Ya marcó en el debut contra Islandia y también en el tercer partido, ante Hungría. Portugal superó la fase inicial con tres empates, pero la suerte le benefició ya que todos los favoritos del torneo fueron por el otro lado del cuadro. Fue pasando rondas a trompicones, los octavos contra Croacia con un gol de Quaresma en la prórroga y los cuartos contra Polonia por penaltis. En esta tanda, Nani marcó justo antes del error crucial de Blaszczykowski. Llegaban las semifinales, contra la sorprendente Gales. El partido fue cerrado, pero se resolvió en tres minutos. A los cinco de la reanudación, Cristiano Ronaldo avanzaba a los lusos de cabeza. Tres minutos después, el billete a la final quedaba más cerca.


La estrella del Real Madrid volvió a recibir un balón y chutó a portería. La bola no iba con mucho peligro para el portero Hennessey pero en medio de la trayectoria estaba Nani. Se estiró, alargó el pie derecho situado entre los dos centrales, Williams y Collins, y desvió la trayectoria del tiro para marcar el 2-0. Los galeses ya no inquietaron hasta el final. Cuatro días después, jugó los 120 minutos del partido y de la prórroga en el que sería su máximo éxito como futbolista, la Eurocopa, gracias a un gol de Éder. Fue el mejor trofeo porque él fue titular y capital desde el inicio.

Aprovechando la ola, a los 30 años, Nani fichó por el Valencia, pero no se encontró a gusto, en una mala campaña del equipo de Mestalla. Su carrera de clubes, desde entonces, ha estado repleta de cambios. Primero a la Lazio, después regreso al Sporting, donde ganó otra Copa y, finalmente, parece establecido en la liga de Estados Unidos, en el Orlando City, donde todo indica que agotará su carrera. Nani no vuelve a la selección desde la Copa Confederaciones del 2017 y no tiene ninguna opción de estar en la próxima Eurocopa. A punto de cumplir 35 años, sus mejores días como futbolista ya han pasado, pero han sido mucho mejores de lo que hubiera soñado cuando era un niño recién llegado de Cabo Verde, mientras jugaba en las calles de Amadora.

dissabte, 6 de febrer del 2021

Croacia, 2- España, 1 (Euro 2016-Primera fase)

126. Ivan Perisic (1-1)

La selección croata ha vivido grandes años de lucimiento de la mano de un grupo de jugadores, la mayoría de los cuales nacidos durante el conflicto de los Balcanes, que salió pronto de su país para recalar en grandes equipos europeos. Estas experiencias, unidas a su talento, provocaron éxitos como el reciente subcampeonato del mundo en Rusia, en 2018. Una de las estrellas del equipo, alguien que llegó a marcar en la final de aquel campeonato, es un delantero zurdo , incisivo y actual campeón de Europa con el Bayern, aunque ya no milite en el conjunto bávaro. Es Ivan Perisic.


Que su futuro era convertirse en futbolista de élite estaba cantado desde joven. Nacido en Split en 1989, creció con relativa tranquilidad, dentro de las circunstancias del conflicto bélico, en la vecina Omis. Allí, su padre, Ante, tenía una granja de aves de corral y él le ayudaba de joven. Pero desde muy pequeño ya mostró sus cualidades como futbolista que lo llevaron a las categorías inferiores del gran equipo de Dalmacia, el Hajduk Split. Su vida, a los 15 años, ya era como la de un deportista profesional. Su padre le consiguió entrenadores personales, incluso en el apartado físico, y él respondía con buenas actuaciones en torneos de base.

A los 17 años, el Hajduk le quiso hacer un contrato, pero había despuntado tanto que tenía sobre la mesa ofertas de media Europa. Hubiera podido ir a equipos de renombre como el PSV, el Hertha o el Anderlecht, pero eligió el Sochaux francés por la insistencia del primer entrenador del equipo en ese momento, Alain Perrin, que viajó expresamente hasta Split, donde estuvo dos días hasta que firmó. El Hajduk recibió 250.000 euros en concepto de formación y Perisic y su familia se trasladaron a vivir a Francia.

En el Sochaux jugó tres años, aunque nunca al primer equipo. Durante ese tiempo, fue cedido a un conjunto belga, el Roeselare, un buen escaparate para que uno de los grandes del país, el Brujas, lo contratara. Estuvo allí dos años, hasta 2011, cuando ya tenía 22, y los 16 goles que consiguió en la liga le valieron el salto a uno de los conjuntos de moda en el continente europeo, el talentoso Borussia Dortmund de Jürgen Klopp. Firmó por cinco años a cambio de 5 millones de euros, pero sólo estuvo uno y medio. Logró el doblete de liga y Copa en la primera temporada y fue convocado para ir a la Eurocopa de Polonia y Ucrania, su primer gran campeonato, después de haber intervenido en tres partidos de la fase de clasificación.

Jugó los tres encuentros de la primera fase, con una asistencia contra Irlanda, pero fue relevado en los dos primeros y sólo jugó 25 minutos en el tercero, en el que un gol de Jesús Navas para España supuso la eliminación de los croatas. A media temporada siguiente, decidió salir del Dortmund. Se perdió un desenlace de campaña en el que los negriamarillos llegaron a la final de la Liga de Campeones, pero él se volvió a sentir importante en el Wolfsburgo, donde dos años después sería vital en la consecución de la Copa , precisamente contra su ex equipo, aunque él no marcó en la final.

Porque una de las características de Perisic es su buena relación con el gol, a pesar de no ser un delantero centro. Casi siempre partiendo desde la banda izquierda, a pierna natural, destaca por su rapidez y precisión para centrar pero también por el instinto que tiene para disparar. Lo había demostrado el año antes del triunfo en la Copa, en 2014, cuando fue convocado para el mundial de Brasil. En tres partidos marcó dos goles, uno en la goleada por 0-4 a Camerún y el otro, estéril, en la derrota por 1-3 contra México que envió al equipo a casa.

El verano de 2015, con 26 años, recibió una buena oferta del Inter de Milán, que pagó 16 millones de euros por él. Debutó de la mejor manera, jugando de titular en una victoria contra el Milan. Su impacto se fue grande. Fue titular casi siempre y anotó siete goles. Se ganó el derecho de ser convocado para su segunda Eurocopa, la de 2016 en Francia.


El gol

Croacia debutó venciendo a Turquía con un gol de Modric y, en el segundo partido, cediendo un empate a dos contra la República Checa cuando ganaba por 0-2, con un gol suyo. Este resultado obligaba a vencer a España, el verdugo de cuatro años antes, para ser primero de grupo e ir por la parte fácil del cuadro. El partido, en Burdeos, comenzó mal, con un gol de Morata. Pero antes del descanso empató Kalinic y, en la reanudación, el portero Subasic paró un penalti Sergio Ramos. El partido se encaminaba hacia un empate que favorecía a los españoles, pero aún quedaban tres minutos para jugar, que Perisic explotó.


Croacia inició un contraataque y el balón llegó a Kalinic. Éste, con el lateral español Juanfran fuera de posición, fijó al central Piqué y esperó a que Perisic llegara en carrera por la banda izquierda. Le cedió el balón i parecía que el jugador del Inter centraría, porque no tenía mucho espacio y el mismo Piqué le tapaba poder cruzar el balón al segundo palo. Pero utilizó su pillería y disparó por el único lugar que le quedaba, el primer palo. El mal posicionamiento del portero De Gea hizo el resto, la bola entró y Croacia fue primera de grupo. Al equipo se le abría un mundo de posibilidades, pero en los octavos de final, a pesar de ser netamente superior, terminó cediendo en la prórroga contra Portugal por un gol de Quaresma.

Perisic siguió sin pena ni gloria en el Inter, sin ganar ningún título, aunque en 2018 fue pieza clave en la consecución del subcampeonato del mundo de los croatas. Jugó los siete partidos y marcó dos goles, uno esencial para forzar la prórroga en semifinales contra Inglaterra y uno que representaba el momentáneo empate en la final, posteriormente perdida por 4-2 contra Francia. El verano siguiente, en 2019, se le abrió la puerta de una cesión al Bayern de Múnich, el gran rival del Dortmund, y no lo desaprovechó. A pesar de un inicio irregular, el campeonato no podía terminar mejor. Con los bávaros lo ganó todo, liga, Copa y Liga de Campeones, con él jugando unos minutos en la final después de haber marcado tres goles durante el torneo.

Seguramente hubiera querido quedarse en Munich, pero los bávaros no ejecutaron la cláusula de compra de su contrato de cesión. Apostaron por fichar a Sané en su posición y él tuvo que volver al Inter, donde las expectativas en cuanto a títulos no parecen tan altas. Hace una semana cumplió 32 años, pero todavía sigue siendo incisivo y peligroso. Como dijo un entrenador suyo cuando era joven, "si Perisic no acaba siendo jugador de fútbol, ​​todos los entrenadores deberíamos renunciar a nuestros títulos". No le faltaba razón.

divendres, 5 de febrer del 2021

Francia, 3- Portugal, 2 (Euro 84-Semifinales)

127. Jordao (1-1 y 1-2)

La historia de los torneos internacionales, ya sea de clubes o de selecciones, está trufada de grandes partidos, de enfrentamientos épicos y para el recuerdo que podrían haber cambiado la historia. No han sido necesariamente finales, sino choques anteriores que, de haber finalizado de otro modo, podrían haber variado el signo del campeonato. En la Eurocopa del 1984, ganada por Francia, el equipo anfitrión sufrió muchísimo en una semifinal jugada en Marsella contra Portugal. Los lusos se llegaron a situar con ventaja en la prórroga con dos goles de un delantero de origen angoleño que ya se encontraba en el crepúsculo de su carrera. Era Rui Manuel Trindade, más conocido por su segundo apellido, Jordao.


Junto con Nené, al que también hemos visto en esta lista, formó una temible delantera en el Benfica de los años setenta del siglo pasado. Jordao, nacido en Angola y trasladado a Lisboa cuando era adolescente, supuso un importante impacto en la liga portuguesa y con sólo veinte años llegó a disputar una semifinal de la Copa de Europa contra el gran Ajax de Cruyff, que sólo pudo eliminar a las águilas con un gol en el partido de ida en Amsterdam. Jordao compartió delantera en el partido de vuelta con el referido Nené y con un Eusébio que ya afrontaba los años de retirada. Ese año ganó la liga con el Benfica, la primera de las cuatro que el equipo conquistaría en cinco años.

Paralelamente, debutó con la selección. El combinado portugués se ha nutrido siempre de los jugadores provenientes de las antiguas colonias africanas y también de brasileños nacionalizados, y éste fue uno de los casos. Jordao ya jugó ocho partidos con el equipo nacional el mismo 1972 y tomó parte en todas las fases clasificatorias de aquella época excepto la de la Eurocopa del 1976, en el que no contó para el seleccionador Pedroto. Pero el equipo portugués no conseguía nunca entrar en las fases finales de las grandes citas.

En 1976 probó su única aventura en el extranjero. Fichó por Zaragoza y tuvo un gran impacto individual, con 14 goles en 33 partidos. El problema fue que los aragoneses bajaron a Segunda División y él salió de allí de regreso a Portugal, pero no hacia el Benfica, sino al gran rival local, el Sporting, con toda la conmoción que este hecho supuso en la ciudad. Y fue con los leones donde vivió sus mejores años. Ganó dos ligas y dos Copas y volvió a frecuentar la selección.

Portugal quedó a dos puntos de jugar el mundial de España, en 1982, cuando él ya tenía treinta años. Pero para la Eurocopa de 1984, las cosas cambiaron. El equipo hizo una buena clasificación. Él se incorporó en el tramo final. El seleccionador, Otto Glória, fue relevado tras caer por 5-0 en la URSS. Faltaban dos partidos, contra Finlandia y la misma URSS en casa. La federación portuguesa situó al cargo un grupo de técnicos liderados por Fernando Cabrita, que enseguida contaron con Jordao, que no había disputado ningún partido anterior. Ante los nórdicos, marcó el primer gol del 5-0. Faltaba el partido de Da Luz. Una victoria daba el acceso a la Eurocopa de Francia. Y Portugal venció por 1-0, con un gol de penalti marcado por él. El billete para el segundo gran torneo de la historia del país era un hecho. Y él asistió a la fase final.


Los goles

Portugal hizo una primera fase sólida, con empates contra Alemania Federal y España y victoria agónica ante Rumanía, que daba el acceso a las semifinales, con Jordao siempre de titular. La segunda posición del grupo estableció que se tenía que jugar contra Francia en Marsella. Y el partido fue trepidante. El lateral Domergue adelantó a los anfitriones en la primera parte, pero todo estaba abierto y con muchas ocasiones. Un cuarto de hora antes del final apareció Jordao.



Fue en un cambio de orientación del lateral Joao Pinto que encontró en la izquierda a Chalana, el mejor jugador luso del torneo. Este miró al área y envió un centro blando. Jordao estaba solo en el punto de penalti, pero era necesario darle toda la fuerza posible a un balón que le llegaba sin ninguna velocidad. Se suspendió en el aire y giró violentamente la cabeza. El esférico describió una parábola y superó la estirada del portero Joel Bats. Portugal llevaba el partido a la prórroga, y a los ocho minutos, el delantero angoleño volvió a ser importante.



Con el partido ya muy roto por el cansancio, la bola pasó de Frasco a Joao Pinto y de este nuevamente a Chalana, esta vez en la banda derecha. Dejó clavado al propio Domergue y mandó un centro muy pasado por encima de todos los centrales. Jordao estaba en el segundo palo, vio venir el balón y remató de volea. Lo hizo en semifallo, pero el balón botó muy fuerte en el suelo y volvió a pasar por encima de Bats. Portugal tenía que resistir 22 minutos para estar en la final de París. Pero no lo hizo. Domergue, en el minuto 114, y Platini, en el último, dieron la vuelta al resultado y dejaron a Jordao sin su sueño.

Aunque ya estaba a punto de cumplir 32 años, Jordao no dejó la selección. Jugó seis partidos más, uno de los cuales en 1989, cuando ya tenía 36 años, en su última temporada en activo. Se perdió el mundial de México 1986 porque se había pasado la temporada en blanco por un enfrentamiento con su entrenador en el Sporting, Manuel José, que precipitó su salida hacia el Vitória Setúbal, donde se retiró el mismo 1989. La vuelta al equipo nacional fue porque este se desprendió de algunos jugadores importantes que habían protagonizado un escándalo de apuestas y se recurrió a viejas glorias. Huelga decir que no llegaron al mundial de Italia 90. Jordao abandonó el entorno del fútbol y, una vez retirado, se dedicó a hacer de pintor y escultor. Murió de manera súbita por un ataque al corazón en octubre de 2019. Sólo tenía 67 años.

dijous, 4 de febrer del 2021

Alemania, 4- Grecia, 2 (Euro 2012-Cuartos de final)

128. Giorgos Samaras (1-1)

El prototipo de jugador griego, sobre todo desde el éxito de la selección en la Eurocopa de 2004, es el de un futbolista que, más o menos dotado técnicamente, que los hay de todo tipo, debe tener dos características a las que no puede renunciar: la lucha y la entrega. Por eso choca encontrarse un tipo de futbolista procedente de aquel país que haya tenido una larga trayectoria en el extranjero con otros registros, que haya gozado seguramente de más talento que muchos de los de su generación, pero al que le haya faltado la pizca de sacrificio necesaria para triunfar plenamente. Es Giorgos Samaras.


Nació en la isla de Creta de donde era originario su abuelo, que se llamaba como él. Fue uno de los millones de griegos que se trasladó a Australia. De hecho, allí fundó el South Melbourne FC, el club de los emigrantes griegos del continente oceánico y donde comenzó a jugar su padre, Ioannis. A principios de los ochenta, este fue tentado por el OFI Creta, el club de la tierra del patriarca, regresó y allí nació el pequeño Giorgos, pequeño de edad, porque cuando creció, lo hizo mucho en cuanto en altura.

Fue este físico privilegiado lo que hacía pensar que podría ser un gran delantero centro, pero cuando fichó por Heerenveen holandés, con sólo dieciséis años, empezó a explotar su técnica, que no era mala y le permitía cierta libertad para moverse por todo el ataque. Estuvo allí cuatro buenas temporades, en las que el equipo se clasificó con regularidad para Europa, y en 2005 fue contratado por un Manchester City que se intentaba volver a consolidar en la élite después de años a las categorías inferiores. Tuvo un año bastante positivo, el segundo, pero de la mano del técnico sueco Sven Göran Eriksson no acababa de encontrar su posición favorita en el campo.

2008 fue un año importante desde muchos puntos de vista. Disputó su primera Eurocopa, sólo media parte de la derrota contra Suecia que certificaba la eliminación del vigente campeón. Aquel verano, el jeque Mansour compraría el City e iniciaría una revolución en la plantilla. Él tuvo que salir, pero la solución fue mucho mejor. Porque lo fichó el Celtic de Glasgow, conjunto notablemente inferior, pero todavía con capacidad para asomar en Europa. En las siete temporadas en que estuvo allí jugó cuatro veces la fase de grupos de la Champions, con el escaparate que ello supone. En 2013, incluso, llegó con el equipo a los octavos de final, en los que cayó contra la Juventus.

Durante este tiempo, pudo disputar su primer mundial. Fue en 2010, en Sudáfrica. Grecia sólo ganó uno de los tres partidos jugados y quedó eliminada en la primera fase. En 2012, el equipo no tuvo problemas para entrar en la Eurocopa de Polonia y Ucrania, en un momento extremadamente dramático para el país. Grecia había entrado en recesión, con una crisis económica terrible y su sociedad se mostraba notablemente contraria a una Unión Europea, liderada por Alemania, que intervenía cada vez más en su día a día. En esta situación, llegó el torneo.


El gol

El campeonato fue un motivo de reafirmación nacional. Grecia lo inició con un empate contra Polonia, una de las anfitrionas y, a pesar de que perdió el segundo partido ante la República Checa, un triunfo ante Rusia, con un gol de Karagounis, supuso acceder a los cuartos de final. Ante se encontraría con el rival más odiado por su afición en aquellos momentos, Alemania. Los griegos plantaron cara, pero en el minuto 39 Lahm hizo levantar de su asiento a la canciller Angela Merkel, que había asistido al palco, con el primer gol. La imagen aún hizo más daño a los helenos, que tenían a la política como la persona que los oprimía en aquellos momentos. El instante de réplica llegó a los diez minutos de la reanudación.


Grecia encontró espacios en una contra para la carrera del rápido extremo Salpingidis. Este superó a la defensa alemana y envió un centro al corazón del área. Allí, Samaras se adelantó a todos sus marcadores y al portero Neuer, se lanzó al suelo y superó con potencia a Neuer. Todo un país gritó de rabia y de alegría, a pesar de los problemas cotidianos, en un momento en que pareció que David podría volver a vencer a Goliath. Pero en la vida real esto no suele suceder y el rodillo alemán impuso su ley con tres goles en trece minutos de Khedira, Klose y Reus. Como mínimo, el equipo de Fernando Santos salvó el honor al final, con un gol de Salpingidis. Se había caído con la cabeza alta.

A pesar de su juego, a menudo tachado de indolente, Samaras triunfó en un fútbol tan físico y en el que la afición exige sacrificio de sus jugadores como el escocés. Ganó cuatro ligas y dos Copas y, en 2014, después de jugar el mundial de Brasil, en el que Grecia pasó a los octavos de final con un gol suyo contra Costa de Marfil, su última anotación con la camiseta nacional, y cayó por penaltis ante Costa Rica, probó la aventura de la Premier League con el West Bromwich Albion.

Ya tenía 29 años, pero tampoco era ningún veterano. Fue el inicio del declive. Jugó poco a The Hawthorns y después de pasar por el Al Hilal saudí, la NASL estadounidense, una cesión errática en Zaragoza, con sólo siete partidos jugados, y una última campaña en el Samsunspor turco, decidió retirarse con 33 años. Se acababa el proyecto más sólido de posible gran jugador griego para uno de los equipos punteros del continente, un querer y no poder que ofreció, de todos modos, momentos estelares, como aquél en el que los griegos creyeron que podrían volver a derrotar a los ogros de la vieja Europa.

dimecres, 3 de febrer del 2021

Francia, 2- Portugal, 1 (Euro 2000-Semifinal)

129. Thierry Henry (1-1)

El pasado 27 de agosto aparecía en esta lista el primer gol de uno de los mejores jugadores franceses de este principio de siglo. Entonces se explicó la primera anotación del delantero en la Eurocopa del 2000, en Bélgica y los Países Bajos. Pero llegaron más y uno de ellos fue decisivo en el camino hacia el título definitivo para su selección. Se trata de Thierry Henry.


En ese momento, Henry todavía no era la estrella en que se convertiría. A los 23 años, ya era campeón del mundo, pero no había tenido el protagonismo deseado en ese título y su experiencia a nivel de clubes, en la Juventus, tampoco había sido buena. Nacido en las afueras de París, de ascendencia antillana, de Guadalupe su padre y de Martinica su madre, Henry había vivido en el suburbio de Les Ulis, donde le habían descubierto un gran potencial. En uno de los torneos de jóvenes fue captado por un técnico que había enviado el Mónaco a seguir futuras estrellas y el club del principado le reclutó con 15 años.

En aquellos momentos, destacaba por su gran zancada a la hora de correr y se le atribuían condiciones de extremo por la rapidez y agilidad de sus movimientos, muy elegantes. Con 17 años recién cumplidos debutó en la liga y contribuyó a que el Mónaco ganara la liga en 1997. Deslumbró en la Champions del 1998, en la que el equipo quedó eliminado por la Juventus en las semifinales y aquel verano entró en la lista de Aimé Jacquet para el mundial. En la Copa del Mundo debutó con tres goles en los dos primeros partidos, pero entonces fue alternando titularidad y suplencia y le quedó la espina de no jugar ningún minuto de la final, ganada en Brasil por 3-0.

Ese mismo verano lo fichó la Juventus, pero nunca se adaptó al cerrado juego italiano, en el que no encontraba espacios para explotar su talento, a pesar de formar pareja con su amigo David Trézéguet. Por ello, en el verano de 1999 Arsène Wenger le llevó al Arsenal. Fue un descubrimiento. En Highbury adaptó su posición a todo el frente de ataque, aunque partía desde la banda izquierda para llevar a cabo su jugada favorita, llegar al área y chutar al otro palo. Lo hizo tan bien que fue convocado por Roger Lemerre, sustituto de Jacquet, para la Eurocopa.

De hecho, fueron los buenos meses con el Arsenal los que provocaron que fuera, ya que casi no había disputado ningún partido de la fase de clasificación mientras era jugador de la Juventus. Pero con un año de experiencia en Inglaterra ya volvía a ser el del Mónaco e inició de titular la Eurocopa. Marcó en el partido contra Dinamarca y en el segundo, una victoria ante la República Checa por 2-1. Descansó contra los Países Bajos y también jugó de titular en los cuartos ganados contra España por 2-1. Las semifinales eran en Bruselas ante Portugal. Y las cosas no empezaron bien.


El gol

Nuno Gomes adelantó a los lusos a los veinte minutos y los portugueses ponían en peligro la portería de Barthez. Pero a los seis minutos de la reanudación llegó el empate.


Fue Nicolas Anelka, que el año anterior había abandonado el Arsenal y aquel 2000 había sido campeón de Europa con el Real Madrid, quien cayó hacia la banda y centró atrás. Henry había ocupado su espacio, recogió el pase y remató cruzado lejos del alcance del portero Vítor Baía. Francia ya no tenía que remar en contra, pero no pudo sentenciar su pase a la final hasta la prórroga, cuando un penalti por manos de Abel Xavier en el minuto 117 permitió a Zidane anotar el gol de oro. En la final, contra Italia, tocó volver a remontar el gol de Delvecchio. Henry jugó los 103 minutos que duró el partido y vio el empate agónico de Wiltord y otro gol de oro, el de Trézéguet.

Desde aquella Eurocopa, la carrera de Henry en el Arsenal lo proyectó hasta el estrellado. Aunque con la selección no ganaría ningún otro torneo y sólo se acercaría con el subcampeonato del mundo de 2006 en Alemania, con el Arsenal se convirtió en uno de los mejores delanteros del mundo. Alcanzó dos ligas, la segunda con el equipo imbatido, y tres Copas y jugó una final de la Champions, perdida contra el FC Barcelona el mismo 2006.

Aquel verano, los azulgrana lo quisieron fichar, pero tuvo que esperar un año para llegar al Camp Nou. La primera temporada fue difícil, pero en la segunda formó parte del gran primer equipo de Guardiola que ganó el sextete. Él saldó su deuda con la Champions. En 2010, afectado por muchas lesiones y con 33 años, dejó el fútbol de élite y jugó con el New York Red Bulls durante cuatro campañas, interrumpidas durante un mes para ayudar a su Arsenal, en 2012.

Entonces inició una carrera de entrenador que arrancó siendo el asistente de la selección belga que fue tercera en el mundial de Rusia 2018, con Robert Martínez. Fichó por Mónaco, inmerso en una gran crisis, pero los resultados no fueron buenos y ahora prepara a los Montreal Impact, de la MLS. Henry pretende transmitir a sus equipos la calidad que tenía él jugando, pero esto es complicado. Y eso que él tuvo que dar un paso atrás para arrancar una gran carrera, un paso que seguramente confirmó en aquella Eurocopa del 2000.

dimarts, 2 de febrer del 2021

Portugal, 2 (6) - Inglaterra, 2 (5) (Euro 2004-Cuartos de final)

130. Rui Costa (2-1)

Hay una serie de jugadores que disponen de una calidad que provoca que los aficionados los observen con admiración. Es la elegancia. Son futbolistas que tienen una calidad técnica tan grande que parece que todo lo que llevan a cabo no cueste esfuerzo y que lo hagan sin sudar, como si más que en una competición deportiva tomaran parte de una obra de teatro o de un ballet. Son jugadores de las características del portugués Rui Costa.




Centrocampista de tranco largo, de gran visión de juego gracias ir siempre con la cabeza mirando hacia arriba, sabiendo perfectamente que tenía el balón controlado, con buena llegada al área, gran pase final y un imponente disparo desde la media distancia. Seguramente, Rui Costa era uno de esos jugadores llamados a marcar una época a los que la carrera quedó corta por pasarse una gran cantidad de temporadas, siete, en un conjunto histórico pero que no es de los principales ni de Italia, ni del continente, como la Fiorentina.

Antes, había nacido en Amadora, en las afueras de Lisboa, y entró en el Benfica avalado por la mayor leyenda portuguesa y del club de la historia, Eusébio, que quedó prendado de él al verlo. Después de una temporada de cesión al Fafe, de Segunda División, volvió a Da Luz avalado por el campeonato del mundo sub-20 que consiguió justamente en su estadio en una final ganada por penaltis contra Brasil. Era un equipo liderado por él, Figo y Joao Pinto que hacía pensar en un gran futuro para el equipo nacional, no muy acostumbrado a los éxitos, ni a las clasificaciones para los grandes torneos internacionales.

Rui Costa jugó tres temporadas en el Benfica durante las que sonó para ir a parar a los mejores equipos del panorama europeo. Se decía que ya tenía firmado un contrato con el FC Barcelona, ​​aun en la época de Johan Cruyff, pero finalmente fichó por la Fiorentina por 5,5 millones de euros, una cifra que parece ridícula desde el punto de vista actual.

En siete temporadas en la Toscana, Rui Costa sólo ganó dos Copas y una Supercopa, una cosecha bastante escasa para un jugador de su categoría. Es cierto que en el Artemio Franchi era más que un ídolo. En su mejor año, el 1999, anotó diez goles y clasificó al equipo en tercer lugar, con lo cual participó en la siguiente Liga de Campeones, pero sonaba a poco para un jugador que podía conducir a uno de los grandes del continente.

Con la selección, las cosas fueron bien porque Portugal se empezó a convertir en una habitual de los grandes campeonatos desde 1996. Fue cuartofinalista en la Eurocopa de Inglaterra y, a pesar de quedar fuera del mundial de Francia, en 1998, a un punto de Ucrania, que disputó la repesca, la formación fue semifinalista en el torneo europeo del 2000, en Bélgica y los Países Bajos, donde no llegó a la final por culpa de un gol de oro de Zidane de penalti.

En 2001, cuando él ya tenía 29 años, el entrenador de la Fiorentina, el turco Fatih Terim, fue fichado por el Milan, uno de los grandes del continente. El entrenador otomano no triunfó, pero se llevó con él a Rui Costa previo pago de 48,7 millones de euros, la cifra más alta que los lombardos habían abonado por un jugador hasta entonces. El primer año en Milán no fue bien, como tampoco fue el único mundial que disputó, el del 2002, en Corea y Japón, en el que la selección fue eliminada en la primera ronda. Pero en la segunda temporada, ganó la Liga de Campeones con el Milan, en una final disputada contra la Juventus en la que, como durante toda la temporada, fue titular en la formación de un técnico que hablaba su mismo idioma futbolístico como Carlo Ancelotti.

Jugó tres temporadas más con el Milan. En la 2003-04 ganó la liga y había obtenido también la Supercopa europea. En el verano siguiente había Eurocopa y no era un torneo cualquiera. Se jugaba en casa, en Portugal, y con 32 años era su gran oportunidad para ganar un título.


El gol

Portugal, sin embargo, no empezó bien el campeonato, con una derrota contra Grecia que le costó la titularidad a Rui Costa por parte del técnico campeón del mundo, Luiz Felipe Scolari, entrenador de una escuela más agonística que el fútbol de salón que él representaba. Además, se dijo que no podía combinar con el centrocampista del momento, Deco, en la zona ancha y que sólo había espacio para uno de los dos. Entró de suplente en la victoria contra Rusia y no jugó ningún minuto en el triunfo ante España que sellaba el pase a los cuartos de final. En este partido, Portugal enfrentaba a Inglaterra. Los británicos se adelantaron con un gol de Owen. Scolari recurrió a él cuando sólo faltaban once minutos para el final del partido y, tres más tarde, Hélder Postiga conducía el duelo a la prórroga. A los cinco minutos de la segunda parte del tiempo suplementario llegó su momento.


Y fue en una jugada en la que demostraba exactamente todas sus virtudes. Recogió la bola en su campo, avanzó con una conducción imparable con la que se sacudió el marcaje de Phil Neville y, al llegar a la frontal del área, se cambió el balón de pie y ejecutó un disparo brutal que pegó en el larguero y que superó la estirada de David James. Debía ser el gol que daría el pase a Portugal, pero Lampard empató de nuevo cinco minutos más tarde y la eliminatoria se fue a la tanda de penaltis. Allí, Rui Costa cometió el único error portugués, pero los de Beckham y Vassell la convirtieron en una anécdota.

Rui Costa volvió al banquillo y no jugó nada en la semifinal ganada por 2-1 contra los Países Bajos. En la final, ante Grecia, Scolari lo volvió a relegar pero tuvo de recurrir a él tres minutos después de que Charisteas avanzara a los helenos, en el minuto 12 de la reanudación. Entró por Costinha, un medio centro, la selección se lanzó al ataque pero no pudo batir a Nikopolidis. La gran oportunidad, una final en casa como la del mundial sub-20 de catorce años antes, se había escapado. Además, fue doblemente dolorosa porque después del partido Rui Costa anunció que se retiraba de la selección. Tantas suplencias, seguramente, y su falta de sintonía con Scolari lo habían provocado.

Los dos años finales con el Milan no fueron muy buenos y en 2006, con 34 años, volvió al Benfica, sin ningún éxito deportivo más antes de la retirada. Pero su club no lo abandonó. Al día siguiente de su despedida encima del campo lo presentó como director deportivo de la entidad. Intentó traer a grandes jugadores al club y, aunque no lo logró en la primera temporada, en la segunda el equipo, de la mano del técnico Jorge Jesús y con jugadores como Saviola, Ramires o Aimar, ganó la liga después de cinco años sin conseguirlo. Fue un oasis en medio del dominio del Oporto, pero pudo demostrar desde los despachos, al menos durante un curso, que la calidad que él encarnaba al campo también era su apuesta una vez colgadas las botas.

dilluns, 1 de febrer del 2021

Alemania, 1 (6) - Italia, 1 (5) (Euro 2016- Cuartos de final)

131. Mesut Özil (1-0)

Hay futbolistas que, cuando terminen su carrera, mirarán atrás y verán una gran trayectoria en grandes equipos, una cuenta corriente saneada y un palmarés envidiado por muchos. Pero al mismo tiempo, seguramente, con el paso de los años, pueden llegar a imaginar hasta dónde habría podido llegar su inmenso talento si hubiera sido explotado hasta las últimas consecuencias. Es posible que esto ocurra con el centrocampista alemán Mesut Özil.


Nacido en Gelsenkirchen, y de ascendencia turca, Özil es seguramente el jugador alemán más virtuoso de la última década. Zurdo cerrado, adaptado al centro del campo después de unos inicios explotando la banda izquierda, ha sido la referencia de la selección de Joachim Löw durante la época gloriosa en la que, entre otros hitos, logró el mundial de 2014. Al mismo tiempo, sin embargo, Özil ha pecado casi siempre de ser un jugador con fama de indolente, de poco sacrificado, de prestar más interés a lo que pasaba fuera el campo que el juego en sí e, incluso, ha sido polémico por sus ideas políticas.

Crecido en equipos de segunda fila de su ciudad natal, fue a la vecina Essen para actuar en los conjuntos inferiores del Rot-Weiss, uno de los fundadores de la Copa de Europa, antes de ser captado definitivamente por el Schalke, club con el que debutó en la Bundesliga. Estuvo sólo una temporada y media y, en un mercado de invierno, fue contratado por el Werder Bremen por cinco millones de euros. Junto al río Wesser explotó como jugador. En dos temporadas y media se hizo un nombre en el panorama europeo. Ganó una Copa y llegó a una final de la UEFA y, además, debutó con la selección absoluta.

Özil ya era conocido porque había liderado a una gran selección alemana al título europeo sub-21 en el torneo jugado en Suecia en 2009, con victoria contra Inglaterra por 0-4 en una final en la que anotó un gol. A aquel equipo estaban talentos como Neuer, Boateng, Hummels o Khedira, que serían campeones del mundo cinco años más tarde. En 2010 participó en su primer gran torneo, el mundial de Sudáfrica, en el que quedó tercero y marcó un gol. Con 21 años ya era considerado una estrella y el Real Madrid lo contrató por 18 millones de euros.

En sus tres temporadas en el Bernabéu creció mucho como jugador bajo la tutela de alguien que le marcaba de cerca como José Mourinho. Özil es un jugador que necesita sentirse importante y el portugués le dio los galones necesarios. Con él, después de obtener la Copa en su primer curso, hizo una gran temporada 2011-12, con título de liga incluido y participación en la Eurocopa, torneo en el que Alemania fue eliminada por Italia en las semifinales, en un partido en el que destacó Balotelli y en que él marcó un gol estéril. Aquel duelo tendría revancha.

En 2013, después de tensiones con Mourinho, decidió dejar el Madrid y fichar por el Arsenal por 47 millones de euros. La llegada de Modric al conjunto blanco le había restado protagonismo y lo buscó en un conjunto de juego atractivo como los gunners, donde aún estaba Arsène Wenger. Su estilo de juego ha sido siempre controvertido en el Emirates. Ha liderado grandes momentos y tres Copas y una Copa de la Liga conquistadas, con otros de apatía que han provocado que el público se le echara encima. Así es él, alguien que te puede cambiar un partido siempre que quiera, aunque no siempre lo quiere.

En 2014 llegó su gran momento, el del título mundial en Brasil, con la titularidad asegurada y un gol importante contra Argelia en octavos de final. A pesar de su irregularidad, y de algunas lesiones. Löw le mantenía de titular y con esta condición aguantó dos años más, hasta la Eurocopa de Francia de 2016.


El gol

Alemania tuvo una primera fase relativamente cómoda, con dos victorias no muy brillantes y un empate, y se deshizo sin problemas de Eslovaquia por 3-0 en los octavos de final. En los cuartos, en Burdeos, esperaba Italia, el verdugo del 2012 y un rival que no le suele ir bien a los alemanes. Contra ellos también habían caído en una recordada semifinal del mundial de 2006 y, aún más atrás, en la final del mundial 82 y en las semifinales de la Copa del Mundo de 1970. Era una bestia negra y el partido fue muy cerrado. Se empezó a abrir, por unos momentos, en la segunda parte.


Era el minuto 20 de la reanudación cuando, situado a la izquierda, Mario Gómez cedió hacia la internada del lateral Héctor y éste superó con el centro la oposición de Bonucci. El balón llegó al corazón del área pequeña y Özil, entrando desde su situación de media punta, ganó en la carrera a Giaccherini y superó a Buffon. Alemania parecía que tenía el partido dominado, pero vio como un penalti propició el empate de penalti de Bonucci en el minuto 78.

El choque fue espectacular, con una prórroga sin goles y se decidió en una inacabable tanda de penaltis. Özil malogró el suyo, el tercero de los germanos, pero pesaron más los errores de Zaza , Pellè, Bonucci y Darmian, que permitieron que Alemania se tomara la revancha. Lamentablemente para el conjunto de Löw, una clara derrota por 0-2 contra Francia en las semifinales le cerró el camino del partido decisivo del torneo.

Aunque sólo tenía 27 años, la Eurocopa marcó un punto de inflexión para un Özil que asistió a la caída del Arsenal del Top-4 de la liga inglesa y no se libró de la renovación del equipo nacional. Además, fue protagonista de varias polémicas respecto de su nacionalidad. Fue en el mundial del 2018, en el que participó en las dos derrotas contra México y Corea del Sur que precipitaron la eliminación alemana antes de tiempo. Desde este momento, la caja de los truenos explotó.

Los aficionados le reprochaban que se sentía más turco que alemán tras unas fotos con el presidente otomano, Recep Tayyip Erdogan, a quien invitó a su boda. Las críticas sobre la indolencia encima del campo se multiplicaban y una situación banal como no cantaba nunca el himno nacional en la interpretación previa a los partidos, algo en lo que nadie pensaba cuando llegaban las victorias, adquiría ahora importancia en los medios de comunicación. Özil se quejó de racismo en Alemania y abandonó la selección después de la Copa del Mundo, con 29 años.

Dos años y medio después, Özil dejó de contar para el entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, que buscaba a futbolistas más comprometidos con la reconstrucción del equipo, y fichó por el Fenerbahçe, con lo que hacía realidad el sueño de jugar en la tierra de sus padres. Con 33 años, Özil sabe que ya no mejorará todo lo que ha hecho, pero deberá afrontar un final de carrera que no será fácil para alguien como él, a quien se le dio un talento que sólo exprimió hasta un cierto punto.