dissabte, 16 de gener del 2021

Portugal, 2- Turquía, 0 (Euro 2000-Cuartos de final)

147. Nuno Gomes (1-0 y 2-0)

Hace unas semanas en esta lista se empezó a hablar de un delantero centro que representó una gran aparición para Portugal en la Eurocopa del 2000. Un jugador que hacía poco no contaba en los planes del seleccionador, Humberto Coelho, pero que se ganó el puesto en el equipo y que finalizó el campeonato con cuatro importantes anotaciones. En uno de esos enfrentamientos anotó dos veces, un partido en el que contó con un asistente de lujo y en el que el portero de su equipo ayudó a que la situación no se complicara. Fue Nuno Gomes.


Se contaba en aquel gol número 183 que el atacante del Benfica había sacado partido de la sanción al teórico titular, Pauleta, para disputar el primer enfrentamiento de aquel torneo y que lo aprovechó tan bien que anotó el gol de la victoria en el 3-2 ante Inglaterra. Nuno Gomes, que entonces estaba a punto de cumplir los 24 años, tenía muchas virtudes, como potencia física, envergadura, oportunismo y también capacidad para relacionarse con el juego de sus compañeros. Era un atacante muy completo y el contrapunto ideal a todos los grandes futbolistas que Portugal alineaba de media punta, como Figo, Rui Costa, Joao Pinto o Sergio Conceiçao. Por ello, se mantuvo de titular en el segundo partido, contra Rumania, aunque no tuvo tan acierto y fue relevado en el minuto 57.

A pesar de ello, el seleccionador ya lo consideraba titular y por ello descansó de entrada en el duelo ante Alemania, en el que entró al campo la media hora final y contribuyó a la victoria por 3-0. La selección iba lanzada y afrontaba con mucha confianza los cuartos de final, en Amsterdam contra Turquía.


Los goles

El equipo otomano podía ser un rival duro y había conseguido dejar en la cuneta a uno de los anfitriones, Bélgica, con dos goles de Hakan Sükür en el choque decisivo de la primera fase. Y así quedó claro en una primera parte muy igualada que parecía que se decantaba definitivamente por el lado de los lusos en el minuto 44.



Fue en un córner a favor de Portugal lanzado por Figo. Se produjeron una serie de rebotes, el último de los cuales del defensa Fatih Akyel, Arif Erdem no se pudo llevar el balón, cortado por Costinha, y este regresó a los pies de Figo, que centró al área con la defensa rival saliendo. El esférico botó en el suelo y Nuno Gomes remató en plancha no muy fuerte. Pero el portero Rüstü no puso bien los pies para impulsarse y no llegó a evitar el primer gol. Parecía que sería el resultado del descanso, pero aún quedó tiempo para una jugada.


Fue en el último ataque de los turcos de la primera parte. Jorge Costa rechazó mal un centro hacia la posición de Fernando Couto, que no pudo controlar la bola. Se le adelantó Arif, que se la llevó y Couto, en el intento de quitarle el balón, le hizo penalti. El lanzamiento lo asumió el mismo Arif, que podía restablecer la igualdad, pero loi chutó por el medio y el portero Vítor Baia le acertó la intención. Fue una jugada psicológica para un partido que terminó de decidirse sólo once minutos después del descanso.


Y el asistente volvió a ser Figo. El jugador que aquel verano cambiaría el FC Barcelona por el Real Madrid no tenía velocidad, pero sí mucha potencia. La usó para hacerse un autopase ante el lateral Hakan Ünsal a quien, por cierto, destalonó e hizo caer en una acción que el colegiado holandés Dick Jol habría tenido que castigar. Pero no lo hizo y el extremo levantó la cabeza y dio el pase de la muerte para que Nuno Gomes completara su gran día con el segundo gol. Los turcos ya no reaccionarían.

Portugal llegaba a las semifinales y en esta ocasión la polémica le fue en contra. Nuno Gomes marcó su cuarto y último gol del torneo en el inicio del partido ante la todopoderosa Francia, vigente campeona del mundo. Henry empató en la segunda parte e hizo falta recurrir a la prórroga. Sólo tres minutos antes öde llegar a los penaltis, el colegiado austriaco Günter Benkö indicó un penalti por unas claras manos de Abel Xavier, que evitó el gol de Wiltord. Nuno Gomes protestó con fuerza, como todos los portugueses, y fue expulsado con roja directa. Zidane lanzó el penalti y clasificó a Francia para la final. Se acababa así el primer contacto de Nuno Gomes con la alta competición. No sería el último. Le faltaban años de carrera y algún otro gol decisivo en las Eurocopas.

divendres, 15 de gener del 2021

España, 1- Bélgica, 2 (Euro 80-Primera fase)

148. Eric Gerets (0-1)

Los laterales han sido durante décadas los patitos feos del fútbol. Durante muchos años, los jugadores con menos técnica individual eran situados en esta posición para que no molestaran demasiado en la creación del juego y se dedicaran a seguir, con marcajes menudo individuales, a los atacantes contrarios. Pero desde hace ya bastante tiempo la figura de los laterales ha crecido tanto que ahora son los encargados de dotar de profundidad al equipo y, además, algunos tienen tanta calidad que también se sitúan en posiciones interiores para combinar con los centrocampistas o los delanteros. Uno de los precursores de la importancia de los laterales en el fútbol fue el belga Eric Gerets.


La carrera de Gerets discurrió, durante sus mejores años, en el Standard de Lieja. Llegó al club en 1971, justo después de que éste sumara su sexta liga, y en su segunda temporada ya disputó una final de Copa, perdida contra el Anderlecht, aunque no tenía ficha del primer equipo. En una selección belga de entretiempo, entre la que disputó el Mundial de México 70 y la que explotó en la década de los ochenta, Gerets debutó con el equipo nacional en 1975. Era un lateral derecho que se salía de la norma porque no sólo se dedicaba a marcar y a pasar el balón, sino que se basaba en su gran condición física para llegar a zonas de ataque. En los doce años en los que estuvo en el Standard marcó 23 goles, una buena cifra para un lateral.

Con el combinado nacional el inicio no fue muy bueno. Una derrota contra Alemania Democrática y la eliminación ante los vecinos de los Países Bajos en la previa de la Eurocopa del 76, con un 5-0 encajado en Rotterdam. La selección volvió a ser eliminada por los oranje en la clasificación para el mundial de Argentina de 1978, pero entró en la Eurocopa de 1980 dejando atrás en su grupo a Austria, Portugal y Escocia. El entrenador ya era un Guy Thys que, con su táctica de reducción de espacios heredada de Raymond Goethals, llevaría a Bélgica a otra dimensión.

Gerets era absolutamente titular, ya con 26 años, en el debut en el torneo, un empate contra Inglaterra (1-1) en Turín. El segundo partido, en San Siro, era contra España, que también había hecho tablas contra Italia en el duelo inaugural y fue vital para el futuro del equipo en el campeonato.


El gol

Los dos equipos se tantearon en los primeros minutos, pero pronto comenzaron las hostilidades. Quien ganara el partido tenía bastantes opciones de luchar por un lugar en la final, para la que sólo entraba el campeón de cada grupo, y los belgas usaron a su lateral derecho ofensivo para dar el primer paso, justo después de un gol anulado de forma controvertida al delantero vasco Satrustegui.


Fue en una salida imperial del libre Walter Meeuws, el hombre clave en la táctica del fuera de juego que implantaban los belgas. Envió al delantero Vandenbergh y éste cedió a Gerets, ya en posición ofensiva. Este volvió a Meeuws y corrió para volver a recibir el pase del líder del equipo en una posición centrada. Disparó, venció la oposición de Satrustegui, que había retrocedido para tapar su subida, y batió por el centro de la portería a un Arconada descolocado. España empató diecinueve minutos más tarde, con un cabezazo de Quini, pero Cools dio la victoria a los belgas al aprovechar un balón suelto en la segunda parte.

Bélgica consiguió, en el último partido, contra Italia, el empate que le hacía falta para acabar primera de grupo y disputar la final. El equipo estuvo a punto de lograr el título, pero un gol de Hrubesch en el tramo final del duelo contra Alemania Federal comportó su derrota por 2-1. Pero lo mejor estaba por venir. Y para Gerets, también.

El lateral tuvo un gran año 1982, en que se clasificó con el Standard para la final de la Recopa. La tuvo que jugar en el Camp Nou contra el FC Barcelona y, curiosamente, otro gol de Quini esta vez le apartó del éxito. Bélgica se clasificó para el mundial y sorprendió de entrada derrotando a Argentina en el partido inaugural, aunque después se apagó en la segunda fase con dos derrotas contra Polonia y la URSS.

En 1983, el eterno 2 del Standard dejó el equipo, ya con 29 años, y fichó por el Milan. Pero no tuvo éxito por culpa de una grave lesión que le hizo estar un año sin jugar y que le hizo perderse la Eurocopa de 1984. Aquel verano fichó por el MVV Maastricht, un modesto equipo neerlandés, y en el posterior, el de 1985, con 31 años, llegó al PSV Eindhoven, donde renació. El año siguiente fue titular en la cota máxima de los belgas en un mundial hasta entonces, la cuarta posición en México 86. Pero aún tenía que llegar el mejor año, 1988. Gerets fue titular en el PSV que alcanzó el triplete de liga, Copa y Copa de Europa. El éxito máximo a nivel de clubes le llegaba a los 33 años. Pero con su gran genética, aunque aguantó jugando hasta los 38, en 1992, dos años después de haber participado en tres partidos del mundial de Italia 90.

Una vez hubo abandonado el fútbol, Gerets inició una larguísima carrera de entrenador que le hizo ganar la liga belga con el Lierse y el Brujas, la neerlandesa con el PSV y la turca con el Galatasaray. También entrenó en Alemania (Kaiserslautern y Wolfsburgo), en Francia (Marsella), en Oriente Medio y a la selección marroquí. Fueron años en los que pudo aplicar conocimientos tácticos que no le faltaban a alguien que, desde la posición más maldita del fútbol, la de lateral derecho, aportó tanta innovación.

dijous, 14 de gener del 2021

Rumania, 0- Portugal, 1 (Euro 2000-Primera fase)

149. Costinha (0-1)

El equilibrio es vital en todos los equipos de fútbol. No se puede ser excesivamente defensivo y no tener salida al ataque, ni alocadamente ofensivo y dejar descuidada la defensa. Los jugadores que desempeñan la función de medio centro son esenciales en el trabajo de no dejar que haya demasiada distancia entre las dos partes de un equipo y de corregir errores de los compañeros. Pero ello era tan apreciado por sus técnicos el portugués Francisco José Rodrigues da Costa, conocido como Costinha.


Su carrera no fue fácil y tuvo que picar mucha piedra para llegar a lo alto. Nacido en Lisboa, de padre angoleño, llamó la atención del Mónaco cuando ya estaba a punto de cumplir 23 años y no había debutado en la máxima división de su país. Su paso por el Nacional de Madeira, cuando el equipo estaba en Segunda, despertó el interés de los espías del club del principado. Se trasladó allí en 1997, su participación, durante cuatro temporadas, fue en aumento e, incluso, en el 2000 ganó la liga. Fue la época en que debutó con la selección, aunque lo hizo esporádicamente, en un amistoso contra Eslovaquia en que salió 23 minutos en el campo.

Pero su buena temporada en Francia provocó que el técnico, Humberto Coelho, les hiciera ir a un par de amistosos antes de la Eurocopa de Bélgica y los Países Bajos de 2000. Le convenció y le hizo entrar en la lista para el torneo. El doble pivote titular era el formado por Vidigal y Paulo Bento. Con ellos, Portugal derrotó por 3-2 a Inglaterra, aunque dejó crear muchas ocasiones al rival. El segundo enfrentamiento era ante Rumanía, y Costinha volvía a iniciarlo desde el banquillo.


El gol

El partido fue muy espeso y parecía que acabaría con empate a cero. A los 88 minutos, Coelho hizo entrar a Costinha, que entonces ya tenía 26 años, en el campo en el lugar de Rui Costa, más que nada para no perder el punto ya conseguido, que no era malo teniendo en cuenta los tres que la selección ya tenía en el zurrón. Pero en un minuto cambió todo.


Portugal tuvo su última llegada en una falta lateral, por la izquierda del ataque. Todo el mundo fue hacia el área. Figo, con la técnica habitual, puso el balón pasado. El portero Stelea lo esperaba en el segundo palo. Pero no previó que alguien se le adelantaría. Fue Costinha, que entró como un tráiler e introdujo el balón con la cabeza en el fondo de la portería. Nada sería lo mismo para el jugador desde aquel gol de Arnhem, que daba los tres puntos al equipo.

Porque con la clasificación ya conseguida, Coelho dio oportunidades a los suplentes contra Alemania, y éstos hicieron un partido tan bueno que lo ganaron por 3-0 y obligaron al entrenador a repensar el once para los cuartos de final. Costinha se hizo un hueco en la titularidad, en el lugar de Vidigal. El equipo derrotó por 2-0 Turquía, pero perdió en las semifinales contra Francia por culpa de un penalti transformado por Zidane.

Costinha jugó un año más en Francia antes de debutar, en 2001, en la liga de su país con el Oporto. El técnico era Octávio Machado, pero los malos resultados supusieron su destitución y la llegada de José Mourinho, con quien cambió todo. Costinha no fue convocado para el mundial de 2002 por António Oliveira, pero una vez éste dejó el cargo, tras el fracaso en el torneo, y entró Luiz Filipe Scolari, ya no dejó el puesto de titular. Mientras tanto, ganó la UEFA con el Oporto en 2003 y la Champions de 2004. También fue convocado para la Eurocopa de su país, en la que fue titularísimo y subcampeón, al perder la final ante Grecia. Costinha no era un ejemplo de gran técnica, pero cortaba balones durante todo el partido, abarcaba mucho campo, ponía la pierna con fuerza y, a pesar de que su juego no era lucido, era extraordinariamente útil.

En 2005, tras un año en blanco sin Mourinho, y ya con treinta, dejó el Oporto y, después de un paso por el Dinamo de Moscú de una temporada, lo fichó el Atlético de Madrid. Aquel verano disputó su segundo mundial, el de Alemania, en el que volvió a arrancar de suplente, fue expulsado en un durísimo partido de octavos contra los Países Bajos en Núremberg y terminó jugando la semifinal y el partido por el tercer puesto . En 2007, fichó por el Atalanta, pero las continuas lesiones le hicieron abandonar el fútbol habiendo jugado sólo un partido con el equipo de Bérgamo.

Costinha inició una etapa de entrenador que le llevó a muchos banquillos de la máxima división portuguesa, como los del Beira Mar, el Académica, el Paços Ferreira o el Nacional, donde había jugado antes de irse a Francia. Logró el éxito al ascender a los isleños a la máxima categoría, en 2018. Su juego táctico de siempre lo hace ser bueno para dirigir equipos. Aunque comenzó tarde al máximo nivel, se retiró con 53 internacionalidades y dos goles, uno contra Inglaterra en un amistoso pero, sobre todo, el de la Eurocopa de 2000, el que le abrió definitivamente las puertas de la élite.

dimecres, 13 de gener del 2021

Países Bajos, 1- República Checa, 0 (Euro 2000-Primera fase)

150. Frank y Ronald de Boer (1-0)

En esta lista ya ha aparecido la historia de dos hermanos gemelos, los Berezutski, con la selección rusa. Ha habido otros casos más conocidos, como el de unos hermanos que coincidieron durante bastante tiempo en la selección neerlandesa. Uno era defensa y el otro, centrocampista ofensivo. Uno era zurdo y el otro era diestro. Y ambos participaron en uno de los goles de su país al inicio de la Eurocopa 2000, que dio la victoria en el debut contra la República Checa. Eran Frank y Ronald de Boer.



Los gemelos De Boer fueron dos productos típicos de la cantera del Ajax. Uno era un defensa zurdo, con muy buena salida de balón, tanto en sus épocas de lateral, como en las de central. El otro era un centrocampista dinámico, que podía combinar y tenía buena llegada al área, por lo que en muchas ocasiones actuó de falso nueve. Además, hasta los treinta años siguieron una carrera paralela y compartieron dos torneos internacionales con la selección. Frank llegó a disputar más partidos con el equipo nacional y, curiosamente, marcaron los mismos goles, trece.

Nacidos en Hoorn, cerca de Alkmaar, al norte de Amsterdam, fue Ronald quien debutó primero en el equipo mayor del Ajax, en una Supercopa de Europa que perdió contra el Oporto, en 1987. Al año siguiente se estrenaría Frank y ambos completaron una década seguida en el club en el que crearon el conjunto que alcanzó la cuarta Copa de Europa para la entidad de Amsterdam, en 1995. Ambos fueron titulares en ese partido, el punto culminante de la obra de Louis van Gaal en el banquillo. También jugaron la final de siguiente, aunque la perdieron contra la Juventus. En aquellos diez años también alcanzaron cinco ligas, dos Copas, una UEFA, una Supercopa europea y un mundial de clubes, entre otros galardones.

Evidentemente, se convirtieron en fijos de la selección. Esta vez fue Frank quien se estrenó, en 1990, y entró en la lista de Rinus Michels para la Eurocopa del 1992, en Suecia, donde jugó dos partidos, entre ellos la semifinal en que los Países Bajos fueron eliminados por Dinamarca por penaltis. Dos años después, compartieron su primer torneo, el mundial de Estados Unidos, en el que Brasil echó a los neerlandeses en los cuartos de final. Frank jugó cuatro partidos y Ronald, tres.

Ya como campeones europeos de clubes, disputaron la Eurocopa de 1996, en que los Países Bajos fueron eliminados en los cuartos de final, nuevamente por penaltis, por Francia. La tanda fatídica también se cruzó en su camino en 1998, en el mundial de Francia. Nuevamente Brasil los dejaba fuera, ahora desde los once metros, en una suerte suprema en la que Frank anotó su penalti, pero Ronald falló el último, el de la eliminación.

En el mercado de invierno de 1999, ambos cambiaron de aires y ficharon juntos por el FC Barcelona, ​​donde ya estaba Louis van Gaal y una nutridísima colonia de compatriotas. En pocos meses ganaron la liga, aunque la temporada siguiente marcaría el inicio de la sequía de cinco años de los azulgrana. El verano del 2000 sería importante para ambos, ya que sus caminos se separarían, pero antes jugarían un último campeonato juntos, la Eurocopa que se celebraba en Bélgica y en su país.


El gol

El debut era contra la República Checa, vigente subcampeona, en el Amsterdam Arena. El partido se fue complicando para los oranje y el empate a cero se mantenía en el marcador. Pero en el último minuto, los gemelos se aliaron para dar el triunfo a los Países Bajos.


Fue justamente en una acción iniciada por Frank de Boer desde el centro del campo. Pasó el balón a Davids, que acabaría vistiendo de azulgrana durante medio año, en 2004, y este cedió al extremo Overmars, que aquel verano relevaría a Figo en el Camp Nou. Este centró al segundo palo, hacia la posición de Ronald de Boer, pero no pudo llegar. Cayó al suelo y el colegiado italiano Pierluigi Collina no dudó en indicar penalti. En la repetición se observa como un agarrón de la camiseta del checo Nemec, en tareas defensivas, había sido la causante de la infracción. Su hermano, Frank, asumió la responsabilidad de chutar el penalti y los Países Bajos sumaban los tres primeros puntos.

Pese a esta alianza desde los once metros los penaltis serían de mal recuerdo para la familia De Boer en este campeonato. Los Países Bajos se desembarazaron de Dinamarca por 3-0, con un gol de Ronald, y de Francia por 3-2, con uno de Frank, en la primera fase y se convirtieron en favoritos al apalizar a Yugoslavia por 6-1 en los cuartos de final. Pero en las semifinales, la desgracia máxima. Italia se quedó con diez hombres durante la primera parte, por expulsión de Zambrotta, pero los Países Bajos llegaron a fallar dos penaltis en el partido, uno de ellos de Frank de Boer, y el otro de Kluivert. Ronald no jugó un partido que terminó en los penaltis y, en la tanda, otro error de Frank precipitó la derrota más dura. Era la tercera Eurocopa seguida en que las penas máximas enviaban a casa a los neerlandeses, las tres con Frank de Boer en el campo.

En 2000, los hermanos separaron sus caminos. Frank aún se quedaría tres años en Barcelona, ​​pero Ronald ficharía por el Glasgow Rangers, con el que ganó dos ligas y una Copa antes de la retirada, en 2004, con 34 años. Ninguno de los dos pudo estar en el mundial del 2002, porque, con Louis van Gaal en el banquillo, la selección no se clasificó, pero Frank, que el año antes había fichado por el Galatasaray, donde sólo jugó 23 partidos, aún tuvo tiempo de disputar dos partidos en la Eurocopa de Portugal. Esta vez, como justicia poética, los Países Bajos superaron una tanda de penaltis, en los cuartos de final contra Suecia, pero no todo podía salir bien y Frank se lesionó durante el partido. Sería su última aparición en el mundo del fútbol. Porque a nivel de clubes, en 2003 había fichado por el Rangers y los dos hermanos se pudieron retirar juntos, aunque fuera en una derrota contra el Hearts en la ronda final de la liga escocesa.

Posteriormente, sus trayectorias han sido muy diferentes. Mientras que Ronald se centró en los equipos inferiores del Ajax, Frank inició una larga trayectoria de entrenador, que lo llevó al primer equipo y a encadenar cuatro ligas seguidas. Después no tuvo tanta suerte en el Inter de Milán y el Crystal Palace, siguió en Atlanta y la renuncia de Ronald Koeman a la selección le dará la oportunidad de prepararla en la Eurocopa del 2021. Quizás se podrá sacar la espina de las tres disputadas como jugador.

dimarts, 12 de gener del 2021

Suecia, 2- Inglaterra, 1 (Euro 92-Primera fase)

151. Tomas Brolin (1-0)

Hace veinte días se explicaba en esta lista la primera parte de la carrera de uno de los mejores jugadores escandinavos de final del siglo pasado. Brilló en tres grandes torneos internacionales y disfrutó de buenos años a nivel de club, sobre todo en el Parma. Pero después, dejó el fútbol muy joven y su vida transcurrió por caminos no muy recomendables. Era el sueco Tomas Brolin.


Su anterior gol sirvió para derrotar a Dinamarca y para que Suecia sumara tres puntos en la fase de grupos de la Eurocopa que jugaba en casa. El equipo que entonces entrenaba Tommy Svensson podía tener suficiente con un empate para entrar en las semifinales. En cambio, una derrota le podía dejar fuera. Y el partido no comenzó muy bien para los locales.


El gol

Porque Inglaterra se adelantó en el marcador con un gol de David Platt cuando sólo habían pasado cinco minutos de partido. A la misma hora, en Malmö, jugaban Dinamarca y Francia. Un triunfo de los galos podía dejar a los suecos fuera del torneo. Pero las cosas cambiaron en la segunda mitad. El central Jan Eriksson anotó su segundo gol del campeonato y empataba el partido, un resultado que ya evitaba la eliminación. Pero aún faltaba la anotación de la estrella local.


Fue en una gran jugada colectiva en la que Brolin condujo el esférico y lo descargó al centrocampista Ingesson. Este se lo devolvió y el delantero hizo una pared vertiginosa con el otro atacante del equipo, Martin Dahlin. Cuando le devolvió la pelota, no lo hizo de manera rasa, sino dando un pequeño bote y ello permitió a Brolin chutar con la parte anterior del pie, que la bola se levantara y entrara por la escuadra de la portería de Chris Woods. Un golazo que dejaba fuera a los ingleses y clasificaba a Suecia como primera de grupo.

Pero Suecia perdió las semifinales contra Alemania por 2-3, con un tercer gol en el torneo de un Brolin que fue el máximo anotador del certamen junto a tres jugadores más. Los siguientes serían los mejores años de su carrera. En 1993 ganó la Recopa con el Parma, un torneo en el que llegaría a la final y la perdería contra el Arsenal al año siguiente, y el equipo nacional se clasificó para el mundial de 1994, en Estados Unidos. La generación que ya lo había hecho bien en la Eurocopa explotó con una tercera posición, la mejor desde el subcampeonato de 1958. Él anotó tres goles, uno decisivo y espectacular, en una acción de estrategia, en los cuartos de final contra Rumania y otro en la final de consolación ante Bulgaria. Tenía 24 años y aquel 1994 lo finalizó siendo cuarto en la votación del Balón de Oro. Pero a finales de año comenzaron los problemas.

Se lesionó en un partido de liga y, a pesar de que fue haciendo reapariciones puntuales, ya no fue el mismo. De hecho, sólo disputaría ocho partidos más con la selección sueca, en la que jugó su último partido en 1995, el año en que con el Parma consiguió su último título, una Copa de la UEFA, aunque él sólo jugó dos rondas de aquella competición. Aquel verano había dejado el club italiano y había fichado por el Leeds, pero no se había recuperado bien de la lesión, ya que recaía constantemente y se le tenían revisar las cicatrices en el tobillo. Su rendimiento fue muy bajo. Incluso ocupó el segundo lugar en una encuesta sobre los peores fichajes de la historia de la Premier del prestigioso diario The Times. Debido a la inactividad, aumentó su tendencia a engordar y fue bautizado por algún rotativo sensacionalista como "albóndiga sueca".

El Leeds lo cedió al Zúrich y después volvió al Parma, pero no levantó la cabeza. Lo volvió a probar en el  Crystal Palace, pero su cuerpo ya no resistía y volvió a Suecia para retirarse en el modestísimo Hudiksvall a los treinta años de edad. De hecho, su último partido lo disputó de portero.

Tras dejar el fútbol profesional, su imagen, con un notable exceso de peso y desmejorado, ha aparecido reiteradamente en los medios de comunicación. Fracasó en una aventura empresarial como restaurador y desde hace un tiempo vende piezas de aspiradoras. Apareció en un videoclip del rapero Doctor Alban junto a otras figuras suecas como Björn Borg. Tuvo una hija con una pareja de la que se separó y ha destacado últimamente por buenos resultados en campeonatos internacionales de póquer. Él mismo reconoce ahora que se cansó demasiado pronto del fútbol porque no le gustaba entrenarse y, en cambio, sí ir de fiesta y no cuidarse. Tomas Brolin es el ejemplo claro de que la vida del futbolista de élite requiere dedicación y mentalidad. Si no, por mucho talento que se tenga, un día u otro, y más pronto que tarde, el éxito se acaba.

dilluns, 11 de gener del 2021

Croacia, 0- España, 1 (Euro 2012-Primera fase)

152. Jesús Navas (0-1)

El fútbol ha dado grandes jugadores que han sabido reinventar. Han sido futbolistas que han destacado en una parcela del campo pero que, al hacerse mayores, han logrado adaptarse a otras necesidades del equipo. Ha habido muchos casos de extremos que cuando han perdido la punta de velocidad de la juventud, han adquirido más fondo físico y se han reciclado a jugar de laterales. Uno de los últimos casos, y de los más espectaculares, es el del andaluz Jesús Navas.


No tanta gente recuerda que Jesús Navas, originario de la localidad sevillana de Los Palacios, subió al primer equipo del Sevilla junto a su hermano Marco, tres años mayor, que actuaba de centrocampista. Él destacó enseguida por ser un extremo derecho con un regate seco que dejaba a los laterales sentados y con una calidad para centrar extraordinaria. Era de los jugadores que siempre solía hacer la misma acción, regate hacia afuera y centro, pero que en su mejor momento era imparable.

Debutó en la liga dos días después de cumplir 18 años, en 2003, pero en su segunda pretemporada con el club tuvo que renunciar a una gira por los Estados Unidos y era incapaz de salir de Sevilla. Se le diagnosticó un episodio de ansiedad que, poco a poco, y con ayuda médica, de la familia y de los compañeros, fue superando. Su club iba creciendo y en la primavera siguiente, con él de titular, ganó la primera de las tres Europa League, en dos etapas, que ha conseguido con el equipo del Sánchez Pizjuán, aparte de la Supercopa de Europa contra el FC Barcelona. De hecho, el año siguiente, en 2007, repitió el título de Europa League y añadió la Copa y la Supercopa de España contra el Real Madrid. Además, estuvo a punto de llevarse la liga.

Eran grandes años pero la selección se le resistía. No entró en los planes de Vicente del Bosque hasta dos amistosos en 2009. Una vez fue dentro del grupo, el técnico valoraba mucho su capacidad para romper partidos, tan diferente a la de la mayoría de jugadores, de corte asociativo , de que disponía. Por eso se lo llevó el mundial de Sudáfrica de 2010 donde tuvo una participación corta, pero intensa. Entró en el primer partido, la derrota por 0-1 ante Suiza, pero no pudo cambiar el signo del partido; fue titular en el segundo, una victoria contra Honduras, en la que dio una asistencia a Villa; y, sobre todo, entró a los 60 minutos de la final contra los Países Bajos, tras cuatro compromisos seguidos sin intervenir, y en el minuto 116 inició la jugada, con una larga conducción, que terminó con el gol de Iniesta que daba el mundial a los españoles.

El extremo siguió en el Sevilla, con el que había ganado la Copa de nuevo ese mismo 2010, con un gol suyo en la final contra el Atlético de Madrid, y en 2012 volvió a entrar en la lista para la Eurocopa de Polonia y Ucrania, donde España intentaría retener el título. No había contado mucho en la fase de clasificación para el torneo por culpa de una lesión en un tobillo, la más importante de su carrera, que le tuvo unos meses parado en 2011. Pero cuando estuvo a punto, volvió a ser valorado por del Bosque y afrontó su segundo gran campeonato.


El gol

En el torneo volvió a ejercer de revulsivo. En el debut contra Italia relevó a Silva justo después del gol del empate de Cesc (1-1 final). No jugó en la victoria contra Irlanda y en el tercer partido, ante Croacia, sustituyó a Torres en el minuto 61. El compromiso era complicado y una derrota podía conllevar la eliminación española. Los balcánicos presionaban, pero dos minutos antes del final, España encontró el espacio suficiente para ganar el partido.


Con los croatas muy abiertos, Xabi Alonso encontró la conexión con Cesc y éste, levantando la cabeza, envió un pase en globo que dejó a dos jugadores españoles solos ante el portero Pletikosa. Quien recibió el balón fue Iniesta quien, con gran generosidad, dio el gol hecho a Navas, que a portería vacía fusiló la red. España se clasificaba, pero Navas no jugó los cuartos contra Francia y sí lo hizo en las semifinales, ante Portugal. Su misión volvía a ser desatascar el ataque a partir del minuto 60. No lo consiguió pero el equipo venció por penaltis. En la final, contra Italia (victoria por 4-0), no jugó ningún minuto, pero añadía el título europeo al mundial.

Navas jugó la Copa Confederaciones del año siguiente, en que fue subcampeón al perder por 3-0 la final contra Brasil. En las semifinales había anotado el penalti de la tanda contra Italia que daba a los españoles el acceso a la final, tras un error de Bonucci. Aquel verano, con 27 años, emprendió una aventura en el extranjero. La ansiedad ya estaba lejos y él se alejó de su zona de confort al fichar por el Manchester City. En Inglaterra ganó una liga, la del año siguiente, y dos Copas de la Liga en cuatro temporadas, pero desapareció de la selección. No fue llamado por Del Bosque y para la siguiente Eurocopa, ni por Lopetegui, su actual técnico, para el mundial de Rusia. Antes, en 2017, había decidido volver al Sevilla.

Ya tenía 31 años y su rapidez en el extremo no era la misma. Antes, en el City, Pep Guardiola lo había utilizado ocasionalmente de lateral. Se recuerda un marcaje que le hizo a Alexis Sánchez, entonces en el Arsenal. Al volver el Pizjuán, el técnico de los andaluces, Vincenzo Montella, lo puso definitivamente en esta posición, y el jugador se acostumbró tanto que ahora está viviendo una segunda juventud. Ha adaptado a su juego las características defensivas necesarias y ahora, con toda la banda para él, suele ser el máximo creador de oportunidades de un Sevilla con el que ganó la Europa League la temporada pasada. Su rendimiento, ya con 35 años, está siendo tan descomunal que ha vuelto a la selección de la mano de Luis Enrique, y también de Robert Moreno durante unos meses, y lucha por la titularidad con el madridista Carvajal. Navas ya tiene poco de aquel jovencito ansioso del inicio. Ahora capitanea el equipo de su vida y lo tiene todo de cara para afrontar, nueve años después de aquel gol contra Croacia en Gdansk, otra Eurocopa.

diumenge, 10 de gener del 2021

Portugal, 3- Alemania, 0 (Euro 2000-Primera fase)

153. Sergio Conceiçao (1-0, 2-0 y 3-0)

Hay jugadores que han completado una carrera notable pero no han podido ir más allá porque se encontraron un muro delante, sobre todo en el terreno internacional. Son futbolistas de buen nivel que no han destacado tanto en sus selecciones porque les cerraba el paso un compañero, en su posición, que era mejor. Durante el paso del siglo XX al XXI sucedió con el equipo de Portugal, que disponía de una gran figura mundial, partiendo desde la banda derecha, como Luis Figo. Seguramente esto le restó protagonismo a un elemento tan valioso como el extremo Sergio Conceiçao.


Nacido en Coimbra y formado en la cantera del Académica, llegó relativamente tarde al Oporto, a los 22 años, después de haber pasado por otros conjuntos de inferior categoría y haber debutado en Primera con el modesto Felgueiras. Sus actuaciones provocaron que los Dragoes le contrataran en 1996 y su impacto en el equipo fue inmediato. Ganó la liga los dos años y también una Copa y llegó a los cuartos de final de la Champions. Conceiçao era un extremo de los de toda la vida, pero con mucha capacidad para llegar a posiciones interiores y con una buena relación con el gol. En su segundo año en Das Antas, por ejemplo, anotó ocho en la liga.

Desde que fichó por el Oporto fue entrando progresivamente entró en la selección. No solía ser de los titulares, pero tenía cierto protagonismo. El equipo quedó fuera del mundial de Francia, del 1998 por un solo punto no entró a la repesca, lugar que le arrebató una Ucrania que al final tampoco se clasificaría. Pero de cara al 2000, el equipo se había reforzado y él también había dado un giro a su vida. Durante el año de la Copa del Mundo había fichado por la Lazio, entonces uno de los equipos más poderosos de Italia, como demostró con la Recopa y la Supercopa de Europa de 1999 y, sobre todo, con la liga y la Copa del año siguiente. Él era una de las piezas claves de aquel esquema del sueco Sven-Göran Eriksson y fue convocado para la Eurocopa de Bélgica y los Países Bajos, su primer gran torneo internacional.


Los goles

Pero en el equipo nacional no era de los que iniciaban los partidos. El técnico, Humberto Coelho, prefería un esquema con tres medias puntas, Figo, Joao Pinto y Rui Costa, y un delantero centro, Nuno Gomes, que había quitado el sitio a Pauleta por sanción de éste en el primer partido. Conceiçao entró de suplente en las victorias contra Inglaterra y Rumania que garantizaban el primer puesto del grupo. Quizás si esto no hubiera pasado, si Costinha no hubiera marcado un gol en el último minuto en el segundo de los enfrentamientos, no habría sido titular en el tercero, contra una Alemania que se lo jugaba todo. Y quizás no habría llegado su gran día vestido de rojo.


Un gran día que comenzó en el minuto 35 de un enfrentamiento que los portugueses encararon con el equipo de teóricos suplentes. Una combinación entre el lateral Rui Jorge y Pauleta por la banda izquierda acabó con un centro envenenado por encima de Kahn. Este persiguió el esférico por el aire pero antes llegó un Sergio Conceiçao muy valiente, que se jugó el físico poniendo la cabeza e introduciendo el balón en la portería antes de recibir el golpe de rigor del irascible portero alemán . Era el inicio de un festival que se alargaría en la segunda parte.


Era el minuto 9 cuando recibió un cambio de orientación de Nuno Capucho y entró hacia el medio desde la banda derecha. Conceiçao era diestro, pero tenía un buen dominio de la pierna menos hábil. Así, cuando llegó a la frontal del área disparó. El tiro iba centrado y parecía fácil para Kahn, pero éste cometió uno de los errores que cometía de vez en cuando por exceso de confianza y se tragó el 2-0. Pero aún faltaba más.


Diecisiete minutos más tarde, con un equipo alemán medio eliminado y jugando a la desesperada, fue Sá Pinto quien entró entre los centrocampistas y los defensas rivales como quiso y descargó hacia la derecha, para que nuevamente Conceiçao cruzase el esférico sobre Kahn y completara su hat-trick más recordado. Además, la exhibición tuvo efecto, ya que el técnico cambió el esquema para meterlo en el partido de cuartos de final, ganado contra Turquía por 2-0, y prescindió de Joao Pinto en las semifinales contra Francia . Conceiçao jugó los noventa minutos contra los otomanos y el partido y la prórroga contra los galos, hasta que el gol de oro de penalti de estos dejó fuera a los portugueses, a un solo paso de la final.

Todo iba bien en su carrera, pero aquel verano la Lazio decidió colocarlo en la operación del traspaso de Hernán Crespo, proveniente del Parma y se vio obligado a hacer las maletas. Con el equipo parmesano no lo hizo mal e incluso fue finalista de la Copa de Italia, lo que le valió un traspaso a otro grande del país, el Inter, en verano de 2001, también como parte de otro intercambio de jugadores, en este caso del portero Sébastien Frey. El año siguiente jugaría su primer y único mundial el de Corea y Japón. Entró desde el inicio en los tres partidos, pero Portugal fue eliminado tras dos derrotas contra los coreanos y los Estados Unidos y un solo triunfo, ante Polonia.

Con 28 años, su carrera comenzó a descender. En el Inter cada vez jugaba menos. Después del segundo año volvió a la Lazio, intentando recuperar tiempos pasados ​​y mejores, pero las cosas no funcionaron y buscó refugio en Oporto. Huelga decir que, con esta situación, la selección ya no le llamaba. En 2003 disputaría su último partido y Scolari le dejó fuera de la lista para la Eurocopa de casa. A partir de 2004, Conceiçao ya se perdió en ligas menores. Estuvo tres años en el Standard de Lieja y dos más en el PAOK de Salónica, con aventura en los Emiratos Árabes en medio de las dos, antes de volver por tercera vez al Oporto y retirarse.

Después de los años en activo, Sergio Conceiçao inició una carrera de entrenador desde abajo, aunque tuvo la oportunidad de empezarla en el Standard. Volvió a Portugal y fue subiendo desde el Olhanense, hasta el Académica de Coimbra, donde había comenzado, pasando por el Braga y el Vitória Guimaraes y llegar en 2017 al Oporto, habiendo superado una experiencia en el Nantes francés. Ha recuperado la hegemonía de sus Dragoes en la liga portuguesa, al ganar dos de las tres últimas, y también la última Copa. Las dos carreras de Sergio Conceiçao han ido progresando con esfuerzo y paso a paso, pero con momentos brillantes, como aquellos tres goles contra los defensores del título, los alemanes, en aquella noche de Rotterdam.