dilluns, 7 de setembre del 2020

Checoslovaquia, 3- Grecia, 1 (Euro 80-Primera fase)

278. Antonín Panenka (1-0)

Él mismo declaró en una entrevista que se sentía prisionero de una jugada. Pocos deportistas en la historia han visto como una acción que dura pocos segundos es suficiente para ser conocido en todo el mundo. El lanzamiento de un penalti, el que dio a Checoslovaquia la Eurocopa del 1976, hizo popular el apellido de un centrocampista de gran toque, sobre todo en acciones a balón parado, que se convirtió en un genérico y que, hasta cierto punto, ocultó una larga carrera, sobre todo en su país. Es la historia de Antonín Panenka.



Panenka fue fiel al club de su vida durante trece años y medio. No actuó en un grande de la capital checoslovaca, Praga, como eran el Sparta, el Slavia o el Dukla. Jugó en el Bohemians, un club más pequeño con una curiosa historia. En su escudo destaca la presencia de un canguro, un animal no muy habitual en el centro de Europa. El motivo se remonta a los años 20 del siglo pasado. La federación australiana de fútbol buscaba algún conjunto europeo que emprendiera una gira por su país. La larga distancia provocaba las reticencias de todos hasta que se animó el Vršovice, el club de un barrio del este de Praga. La gira fue un éxito, con quince victorias en veinte partidos. Las autoridades australes, como muestra de gratitud, regalaron dos canguros vivos a la expedición. Los animales llegaron bien a Checoslovaquia y fueron entregados al zoológico. A raíz de aquello, el club, que se cambió de nombre y se pasó a llamar Bohemians, porque era de la región de Bohemia, recibió el apelativo de klokani, canguro en checo, e introdujo el animal en el escudo.

Años más tarde, al lado del estadio del Bohemians vivía la familia Panenka. El padre tuvo un accidente de moto y no pudo jugar al fútbol, ​​su gran pasión. Pero la transmitió a su hijo Antonín, nacido en 1948, que empezó a jugar en Primera División a los 19 años. Durante su trayectoria en el club no ganó ningún título importante, pero debutó en la selección en 1972 y sus dotes le hicieron mantenerse hasta el mundial de España, en 1982.

Checoslovaquia, la víctima propiciatoria para todos, ganó la Eurocopa de 1976 en Belgrado venciendo a Alemania Federal en la primera tanda de penaltis de una gran final. El lanzamiento parabólico de Panenka pasó a la historia. La selección no se clasificó para el mundial de Argentina, en 1978, pero sí para la Eurocopa de 1980 tras eliminar a Luxemburgo, a Suecia y, sobre todo, a Francia, los dos últimos, combinados que habían estado en la Copa del Mundo. Los centroeuropeos, por tanto, viajarían a la primera fase final del torneo con dos grupos de cuatro equipos a defender el título.

El gol

Las cosas no empezaron muy bien. En la revancha de la última final, Alemania Federal venció a los checoslovacos con un gol de Rummenigge que dejaba casi imposible el acceso al partido definitivo, al que sólo llegaba el campeón de grupo. El segundo partido era contra una debutante, Grecia, y había que ganar. Panenka sólo tardó seis minutos en demostrar su clase.



El central griego Foiros cometió una dura falta en la frontal del área que dejó una situación muy buena para el lanzamiento a portería. Panenka asumió la responsabilidad y realizó otro tiro poco visto. Aunque la barrera se adelantó claramente, su disparo la superó, porque algún defensa se agachó. Habitualmente, estos tiros siempre buscan la escuadra superior derecha de la portería, pero el de Panenka buscó la inferior. La pelota cayó de golpe y entró pegada a la raíz del palo, a pesar de los esfuerzos del portero Konstantinou.

Grecia empató a continuación, con un gol de Anastopoulos, pero Vizek y Nehoda dieron la victoria a los checoslovacos. Un empate posterior, contra los Países Bajos, supuso poder disputar el partido por tercer lugar, el último de la historia de las Eurocopas, que el conjunto de Panenka ganó a Italia en una inacabable tanda de penaltis.

Ese mismo diciembre, a los 32 años, Panenka dejó su Bohemians e inició una aventura de cuatro años en Austria, en el Rapid de Viena, no muy lejos de casa, que le aportó los títulos de club que no tenía. Obtuvo allí dos ligas y tres Copas y jugó una final de la Recopa, perdida contra el Everton. Antes, en 1982, se había despedido de la selección con una participación no muy afortunada en el mundial de España. Allí marcó otro gol de penalti, contra Kuwait, aunque con un estilo más convencional que la jugada que le marcó la vida. Tras el Rapid jugó en dos equipos austriacos más, el St. Polten y el Slovan Hütteldorfer, donde se retiró a punto de cumplir 41 años.

diumenge, 6 de setembre del 2020

Alemania Federal, 2- España, 0 (Euro 84-Primera fase)

279. Rudi Völler (1-0 y 2-0)

La historia del fútbol está llena de revanchas entre equipos. Rivalidades que se han ido forjando a base de enfrentamientos más o menos seguidos que dejaban a uno de los contendientes fuera de la competición y esperando a encontrarse de nuevo para cambiar el signo de la historia. Alemania Federal y España vivieron una serie de estas durante toda la década de los ochenta. En tres grandes torneos seguidos, la victoria de uno supuso el adiós del otro. El tercero de estos duelos tuvo como protagonista a un delantero que no hacía prisioneros, Rudi Völler.


El equipo alemán venía de ser subcampeón del mundo en México, en la recordada final contra Argentina en que Völler había marcado. Antes, también había sido subcampeona en España 82. En la segunda fase, en un duelo en el Bernabéu, derrotó a España por 1-2, con goles de Littbarski y Fischer, un resultado que dejaba a los anfitriones en la cuneta. Dos años después, en la Eurocopa 84 de Francia, un gol de Maceda en el último minuto en el Parque de los Príncipes propició que fueran los españoles los que acabaran riendo.

En la Eurocopa 88, Völler afrontaba su segundo torneo europeo, tras un debut en Francia 84 que se puede seguir en el número 323 de esta lista. El jugador se encontraba en el mejor momento de su carrera. Había fichado el año anterior por la Roma, procedente del Werder Bremen. Jugaría cuatro temporadas con los italianos, todas ellas en progresión, de los tres únicos goles del primer año a los 14 y 11 de las dos últimas. Pero, sobre todo, rendía en la selección. En este campeonato, justamente estrenaría un tándem ofensivo con Jürgen Klinsmann que acabaría siendo campeón del mundo dos años más tarde.

En el torneo, Alemania Federal había debutado con un empate contra Italia y había derrotado por 2-0 a Dinamarca en el segundo partido. España había vencido a los daneses y perdido contra los transalpinos. El equipo de Miguel Muñoz necesitaba el triunfo para pasar ronda. Los anfitriones tenían suficiente con un empate, aunque querían ganar para ser primeros de grupo, un premio que no fue tan grande ya que, consiguiéndolo, tuvieron que enfrentarse a los Países Bajos en las semifinales.

El gol

En el partido de Múnich tuvo poco color. Los españoles cerraban en este campeonato la etapa de Miguel Muñoz en el banquillo, tras un subcampeonato europeo y de un muy buen Mundial de México, en el que llegaron a cuartos de final. Pero el factor ambiente pesó demasiado y Alemania se adelantó en el marcador justo a la media hora. Fue en un balón perdido por Bakero que sirvió para una transición habitual en los locales. Entre Matthäus, Herget y Littbarski condujeron el balón. Hubo suerte por un rebote en Martín Vázquez que benefició a Klinsmann, Este introdujo el esférico a Völler quien, en un movimiento de nueve puro, se giró y no dio opción ni a Andrinua, ni a Zubizarreta.



España inició la segunda parte con la intención de empatar, pero el sueño se acabó pronto. A los seis minutos, otro esférico perdido dio paso a una acción sensacional de un fuera de serie como Lothar Matthäus, que acababa de fichar por el Inter de Milán. La jugada parte de una pelota robada por Brehme que la pasó a Völler, que estaba en su campo. Enseguida se la dio a Matthäus e inició un esprint hacia el área. Mientras tanto, el centrocampista la condujo, se quitó a todo el mundo de encima y, cuando quedó sin ángulo, soltó un taconazo descomunal hacia atrás. Völler, quien había recorrido setenta metros a toda velocidad, se encontró ante Zubizarreta y sentenció el partido.



Alemania Federal obtuvo así la revancha de la Eurocopa anterior, pero no pudo ser campeona ya que un gol de Van Basten en el último minuto de la semifinal la dejó fuera del torneo. Pero el equipo de Beckenbauer estaba poniendo la semilla del que se acabaría proclamando campeón del mundo dos años más tarde, con Völler de protagonista.

Cuando salió de la Roma, el delantero aún tuvo tiempo de proclamarse campeón de Europa por equipos con el Olympique de Marsella siendo titular en la final contra el Milan de 1993 que decidió un gol del central Boli. El año siguiente volvió a Alemania, donde agotó su trayectoria en el Bayer Leverkusen. Inició entonces una carrera de entrenador con la que estuvo a punto de conseguir otro título mundial, pero su selección alemana fue derrotada por Ronaldo y Brasil en la final de 2002. Ahora es director deportivo de su último equipo como futbolista, el Bayer Leverkusen.

dissabte, 5 de setembre del 2020

Suiza, 0- Países Bajos, 2 (Euro 96-Primera fase)

280. Jordi Cruyff (0-1)

Si eres hijo de una leyenda del fútbol debe haber pocas cosas, en la práctica de este deporte, en las que puedas superar a tu padre. Johan Cruyff fue un mito, tanto en los terrenos de juego, como después en los banquillos. Pero hubo un aspecto en el que su hijo, Jordi, le venció: marcó un gol en una fase final de una Eurocopa, hito que su progenitor no alcanzó.



En realidad, Cruyff padre sólo participó en una fase final, la de 1976. Disputó la semifinal perdida contra Checoslovaquia y ya no tuvo ganas de disputar el partido por el tercer lugar, un trámite que se mantuvo en las Eurocopas hasta el edición de 1980. Por lo tanto, tampoco es que tuviera muchas oportunidades. Su hijo, Jordi, tampoco vivió una carrera internacional muy larga, sólo fue ocho veces internacional con los Países Bajos, cuatro de los cuales, en la Eurocopa de Inglaterra, en 1996. Pero en una de ellas aprovechó la oportunidad.

Jordi, nacido durante la etapa de jugador de su padre en el FC Barcelona, ​​llegó al primer equipo con sospechas de favoritismo porque su él era el entrenador. Estas le acompañaron durante su trayectoria de dos años en el Camp Nou. Se trataba de un delantero con cualidades técnicas, con buen manejo de las dos piernas y con capacidad goleadora, incluso con la cabeza, gracias a su altura. En junio de 1996, la familia Cruyff vivía un mal momento ya que el padre había sido destituido tras ocho años en el banquillo y, sin él, la continuidad del hijo era prácticamente imposible.

Jordi tampoco había hecho una gran temporada, con sólo 13 partidos jugados y 2 goles, lastrado, en parte, por lesiones. Nada que ver con los 9 goles del primer año. A pesar de ello, y de los problemas con el club que vivía, el seleccionador, Guus Hiddink, contó con él para el campeonato europeo de selecciones. El jugador habría podido elegir jugar con los neerlandeses o con España, ya que se había formado en este territorio, donde había nacido, desde 1988. Eligió la camiseta naranja.

El gol

Con una experiencia de sólo tres amistosos, Jordi Cruyff debutó en el torneo en un empate a cero contra Escocia. El segundo partido, también en el Villa Park de Birmingham, era contra Suiza. Había que vencer para no tenérselo que jugar todo en el último partido en Wembley contra Inglaterra. Pero los helvéticos, que ya habían igualado con los anfitriones en el debut, se defendían bien. Hasta que en el minuto 24 de la segunda parte, una acción a balón parado lo desatascó todo.




Un córner desde la izquierda del ataque terminó con un rechazo de la defensa suiza. Jordi estaba en la frontal del área, no en zona de remate. Años más tarde cambiaría esta posición, como queda claro en el gol conseguido con la camiseta del Alavés, en 2001, que forzó la prórroga contra el Liverpool en la final de la UEFA. Volviendo cinco años atrás, a Birmingham, él estaba lejos de la portería, pero le cayó la pelota, la paró y con la pierna izquierda, la no tan buena, empalmó un disparo seco que superó al portero Pascolo. Fue su único gol como internacional.

Una anotación de Bergkamp, ​​trece minutos después, remachó el resultado. Pero los Países Bajos completaron un mal campeonato. Se clasificaron de rebote, a pesar de perder por 4-1 contra Inglaterra en el último partido del grupo, y fueron eliminados por penaltis por Francia en los cuartos de final, después de no haber sido capaces de marcar ningún gol. Jordi fue titular ambos días.

Después de la Eurocopa, Jordi Cruyff fichó por el Manchester United, club en el que actuó dos temporadas y media sin llegarse a consolidar nunca como titular. En la parte final de la última, fue cedido al Celta. Era enero de 1999. En mayo de ese año, el United se proclamó campeón de Europa en el Camp Nou. Él no estaba, pero oficialmente también es ganador del título ya que disputó tres partidos de aquel torneo. Después, buenas actuaciones en el Alavés finalista de la UEFA, un periodo en el Espanyol y un final de carrera en un equipo amateur neerlandés, en Ucrania y en Malta. Ha sido en países de este nivel donde después ha hecho carrera como entrenador y director deportivo, con trabajos nuevamente en Malta, en Israel y en China. Hasta hace poco era seleccionador ecuatoriano, pero rompió su contrato y ha regresado al país asiático.

Desde el punto de vista internacional, tras la Eurocopa sólo jugó un partido más con la camiseta naranja, media parte de un enfrentamiento de clasificación para el siguiente mundial contra Gales, con victoria por 1-3. La carrera con la selección de Jordi no se puede ni comparar con la de Johan, pero en tema de Eurocopas, al menos en este, lo superó.

divendres, 4 de setembre del 2020

Eslovenia, 1- España, 2 (Euro 2000-Primera fase)

281. Raúl (0-1)

Raúl González era la estrella indiscutible de la selección española antes de afrontar la Eurocopa del 2000 en Bélgica y los Países Bajos. Hacía casi seis años que había debutado en Primera División y ya había ganado dos Ligas de Campeones con el Real Madrid, la última unas semanas antes en Saint-Denis. Su irrupción, de la mano de Jorge Valdano, había sido espectacular y amenazaba con convertirse en una de las leyendas del club blanco, como así fue al final.



Futbolísticamente, Raúl era un enigma. Era un delantero, pero no cumplía los requisitos de un nueve habitual. Parecía que no tenía técnica, ni velocidad, pero era capaz de acciones poco habituales y siempre se sabía colocar en el lugar preciso para explotar su principal virtud, un oportunismo innato. Pero además, sobre todo al inicio, podía partir desde una banda. Gracias a esta adaptabilidad, sobreviviría a todos los fichajes que su club llevó durante los dieciséis años en los que estuvo.

Raúl debutó pronto en la selección, con 19 años, en 1996. Anotó 44 goles en 102 partidos y se estrenó en un gran torneo en el mundial del 1998, en Francia. El resultado para la selección española fue un fracaso, con la eliminación en la primera fase. El delantero blanco consiguió un gol, pero no pudo lucir. Dos años después, ya consolidado, afrontaba su primera Eurocopa.

El equipo español llegaba después de que José Antonio Camacho se hubiera hecho cargo de ella. La fase de clasificación fue ilusionante y España llegó, como casi siempre, con aspiraciones. Pero en el primer partido, derrota inesperada por 0-1 contra Noruega. Se necesitaban cambios para el siguiente enfrentamiento, contra Eslovenia, ya que una derrota significaba la eliminación.

El gol

Camacho introdujo cuatro variantes en la alineación, una por línea. Entraron Cañizares, Abelardo, Mendieta y Alfonso por Molina, Paco, Fran y Urzaiz. Y tardó cuatro minutos en obtener resultado. Fue tras un saque de banda de Aranzabal y de un cambio de juego de Guardiola hacia la derecha.



El esférico llegó a Michel Salgado, que disparó sin muchas posibilidades de éxito. Pero el remate hizo carambola en dos defensas eslovenos y quedó de cara para Raúl, siempre en el lugar preciso. Este no desaprovechó la ocasión y anotó de un soberbio disparo desde fuera del área que superó a Dabanovic. Fue el primer y último gol de Raúl en una Eurocopa.

España ganó el partido después de que, en la segunda parte, Zahovic empatara y, dos minutos más tarde, Etxeberria anotara el 1-2. Se clasificó para los cuartos de final de milagro en el último partido de grupo pero Francia la eliminó. Esta vez, Raúl fue el protagonista negativo, al enviar fuera, en el último minuto, un penalti que habría conducido a la prórroga.

A pesar de su brillante etapa en el Real Madrid, Raúl no tuvo suerte con la selección. Disputó un muy buen mundial en Corea y Japón, pero los penaltis, y un arbitraje más que polémico, dejaron fuera a los españoles en la tanda de penaltis contra los coreanos en cuartos de final. En la Eurocopa de 2004, España fue expulsada en la primera ronda por un gol del portugués Nuno Gomes. En 2006, en Alemania, la selección fue eliminada nuevamente por Francia, ahora en octavos de final.

En este campeonato ya se percibió que el nuevo seleccionador, Luis Aragonés, contaba poco con Raúl. En la fase de clasificación para la siguiente Eurocopa, tras una sonada derrota contra Irlanda del Norte, dejó de convocarlo. Fue en el torneo en el que España inició su espectacular racha de títulos con Eurocopa, mundial y Eurocopa, los tres seguidos. Raúl aún estaba en activo, y siguió su carrera en el Schalke, el Al Sadd y el New York Cosmos hasta su retirada, en 2015. Pero echó de menos estar en el campo mientras su compañero Iker Casillas iba levantando trofeos.

dijous, 3 de setembre del 2020

Austria, 0-Hungría, 2 (Euro 2016-Primera fase)

282. Ádám Szalai (0-1)

Cuando Lajos Détari marcó el segundo gol de Hungría en la victoria, en la ciudad de Irapuato, del combinado magiar contra Canadá por 0-2 en el mundial de México, en 1986, se iniciaba una cuenta que duraría tres décadas enteras. Que una selección como la húngara, dos veces subcampeona del mundo, de un país que ha engendrado Balones de Oro y que dispuso de una generación casi imbatible que pasó a la historia en la década de los cincuenta tarde treinta años en aparecer en una gran cita es poco reconfortante. La travesía del desierto húngara duró casi tanto como la de Moisés, hasta que un delantero, al que faltaba un año y medio por nacer cuando Détari anotó su gol, paró el reloj en la Eurocopa de 2016. Era Ádám Szalai .



La carrera de Szalai se ha desarrollado de manera casi íntegra en Alemania. Atacante de gran físico, no se mueve mal fuera del área. Huye del estereotipo del típico rematador y es capaz de asociarse y de entrar con el balón controlado en el área. Los tres años de formación en el Real Madrid, con el que no pudo debutar en Primera División, seguro que le sirvieron, en su juventud, para mejorar la técnica.

Szalai salió del Ujpest, uno de los equipos de su ciudad, Budapest, en dirección a Stuttgart, pero el Real Madrid lo captó con veinte años. Actuó en el Castilla, pero se marchó después de haber firmado algún buen año, y volvió a Alemania para no dejarla más. Del Mainz al Mainz. Abandonó este equipo para crecer en el Schalke, donde no triunfó, y vivir cinco años en el Hoffenheim, con un de cesión al Hannover. Llegó a disputar Liga de Campeones con el combinado presidido por Dietmar Hopp, el magnate farmacéutico propietario del conjunto de Sinsheim, hasta que retornó a Maguncia en 2019.

Al Hannover fue, precisamente, para tener minutos. No disponía de ellos en el Hoffenheim y aceptó una cesión en el mercado de invierno. El motivo era claro. Hungría, que había caído en el ranking europeo hasta profundidades impensables en los últimos lustros, se había clasificado para la Eurocopa. La ampliación a 24 equipos le permitió jugar un play-off habiendo quedado tercero en un grupo liderado por Irlanda del Norte y Rumania y por delante de Finlandia, islas Feroe y una Grecia en derribo. Los magiares superaron a Noruega en la repesca y se clasificaron para la cita francesa. Y Szalai dispuso de suficientes minutos en Hannover para ser convocado.

El gol

El debut del equipo dirigido por Bernd Storck tenía connotaciones históricas. Un Austria-Hungría hace pensar en principio del siglo XX, en la época de los grandes imperios cuando, además, el fútbol que se jugaba entre Viena y Budapest, siguiendo el curso del Danubio, era el más apreciado del continente. Llevado el duelo en la actualidad, una victoria en Burdeos daba casi la clasificación al vencedor, en un grupo que completaban Portugal e Islandia. El partido fue igualado y se empezó a desequilibrar a los 17 minutos de la segunda parte.




Fue en una combinación entre dos jugadores de la Bundesliga, el centrocampista Kleinsheiler, del Werder Bremen, y el mismo Szalai. Sus dos tuya-mía acabaron con el atacante rompiendo el fuera de juego por la pésima salida del número 5 de Austria, el lateral izquierdo Christian Fuchs, que formaba parte del milagroso Leicester, campeón de la Premier contra todo pronóstico semanas antes. Szalai se quedó solo, pero se tuvo que lanzar al suelo para llegar a barrer el balón con la pierna derecha y superar al portero Almer. La sequía de treinta años desde el gol de Détari en México había terminado.

El partido aún iría mejor para Hungría, que vio como expulsaban al rival Dragovic y como su jugador Stieber anotaba el 0-2 antes del final. Terminó invicto la primera fase, con dos empates en los dos posteriores partidos, pero el cruce de octavos contra la potente Bélgica fue demasiado complicado y la derrota por 0-4 en Toulouse la dejó fuera del campeonato.

El conjunto centroeuropeo no entró en el mundial de Rusia de manera clara, superado por unos Portugal y Suiza mucho mejores, y estuvo a dos puntos de llegar a la Eurocopa del 2021, en un grupo igualadísimo en que quedó cerca de Croacia y Gales, que se clasificaron. Pero todavía tiene una opción de volver a estar entre los 24 mejores. Debería superar el play-off que queda pendiente contra Bulgaria, a domicilio, primero, y vencer al triunfador del Islandia-Rumania, en Budapest. Cuando en diciembre cumpla 33 años, Szalai, que ha disputado toda la fase de clasificación, aun estará disponible para viajar al torneo y no dejar pasar tres décadas para ver otro gol húngaro en un gran campeonato.

dimecres, 2 de setembre del 2020

Francia, 5- Bélgica, 0 (Euro 84-Primera fase)

283. Luis Fernández (3-0)

Antes de formar parte del ecosistema televisivo español, primero como histriónico entrenador del Athletic de Bilbao y luego como personaje que aparecía en todos los programas desenfadados del mundo de fútbol, ​​Luis Fernández fue un pedazo de centrocampista. Seguramente fue el factor diferencial entre la magnífica selección francesa que quedó a un paso de la final del mundial de España 82 y la formación que se llevó el título en la Eurocopa de 1984. Su despliegue físico ayudó a brillar a las estrellas de la formación de Michel Hidalgo y, sobre todo, a un Michel Platini que completó una de las mejores actuaciones individuales de la historia de los grandes torneos.



El acento andaluz de Luis Miguel Fernández Toledo no puede ocultar el origen del jugador. Nació en Tarifa, en Cádiz, donde la fuerza del viento de levante forja carácteres y quizás explica el talante alocado ya veces imprevisible del centrocampista y posterior entrenador. Su familia emigró cerca de Lyon cuando él tenía ocho años y él empezó a jugar al fútbol en Saint-Priest, donde destacó hasta juveniles.

Lo fichó el París Saint-Germain con sólo diecinueve años y debutó en el equipo absoluto. De cara al mundial de 1982, había hecho una buena temporada pero no entró en la lista. Hidalgo prefería la técnica de otros jugadores como Bernard Genghini, que fue quien formó el maravilloso centro del campo de los bleus junto con Platini, Giresse y Tigana. Pero Francia cayó en unas semifinales que tenía ganadas contra Alemania Federal, en Sevilla en la tanda de penaltis, y el técnico dedujo que le faltaba más carácter y el fútbol aquel que no gusta tanto, pero que quizá es más útil, en el centro del campo.

Por ello, dos años después convocó y situó en la titularidad a Luis Fernández. Su gran esfuerzo físico permitía ocupar mucho espacio para que los otros tres se dedicaran a crear. Además, su personalidad contagiaba y tenía una buena llegada al área, como demostró en Nantes.

El gol

Francia había ganado de manera agónica en el debut a Dinamarca por 1-0, con el primero de los nueve goles que Platini marcaría en el torneo, en sólo cinco partidos. El segundo duelo era contra la vigente subcampeona europea, Bélgica. Y el equipo ofreció un recital. Platini y Giresse anotaron los dos primeros goles y, cerca del descanso, llegó el tercero.



Es el mismo Luis Fernández quien inicia la jugada y, mientras pasa la pelota al delantero Six, busca el área pasando literalmente por encima, como si montara un caballo, del belga De Wolf. Six se deshace de la salida del portero Pfaff y manda un centro demasiado pasado. Giresse recoge el esférico al otro lado del área, levanta la cabeza y ve la llegada de Fernández. Centra con elegancia y el jugador de origen andaluz, con los dos pies clavados en el suelo, remata de cabeza y sale enloquecido a celebrarlo. Era su segundo gol en 14 partidos internacionales. El primero se lo había marcado a la URSS en un amistoso.

Francia remataría el partido con un recordado 5-0 y ganaría el torneo, tras remontar a Yugoslavia, vencer a Portugal en una prórroga impresionante y de derrotar a España en la final, ayudada por el famoso error de Arconada. Comenzaba la mejor época de Luis Fernández a la selección, que le llevó a ser tercero en el mundial de dos años más tarde, con una recordadísima eliminatoria de cuartos contra Brasil en que él transformó el penalti decisivo de la tanda y lo celebró con toda la fuerza de que era capaz. Terminada la Copa del Mundo, con 27 años, se enzarzó en el faraónico proyecto del Racing de París, un club que quiso ser grande con enormes fichajes y que terminó en nada. Tres años después, Luis Fernández fue al Cannes, donde vivió las tres últimas temporadas de su carrera.

Como otros grandes del fútbol, ​​él también se despidió de la práctica activa en un gran torneo. Después de que Francia no entrara ni la Eurocopa del 88, ni en la Copa del Mundo del 1990, se clasificó para la Eurocopa de Suecia. A pesar de su veteranía, su antiguo compañero Platini, ahora seleccionador, confió en él. Fue titular en un partido y suplente en dos, entre ellos la triste eliminación contra Dinamarca. su último enfrentamiento como profesional.

En Cannes mismo inició entonces una larga trayectoria como técnico que lo ha llevado a Francia, España, Qatar e Israel, aparte de haber sido seleccionador del país hebreo y de Guinea. Paralelamente, su faceta de hombre del espectáculo le hizo intervenir a los medios y tenía un programa propio en Radio Monte-carlo. En 2017 pasó a ser el director deportivo del centro de formación del París Saint-Germain.

dimarts, 1 de setembre del 2020

España, 3- Turquía, 0 (Euro 2016-Primera fase)

284. Álvaro Morata (1-0)

Es complicado hacer el balance de una carrera deportiva cuando todavía faltan años para que termine. Y aún más cuando esta tiene muchas subidas y bajadas. Álvaro Morata posee todas las cualidades para ser un gran delantero centro: físico, rapidez, técnica, oportunismo, capacidad de remate y cada vez más experiencia. Pero ha habido circunstancias en su trayectoria que no le han dejado estabilizarse, incluso en los clubes en los que más ha destacado.


Comenzó en la escuela del Atlético de Madrid, pero salió por no encontrarse a gusto con el sistema de juego, que le dejaba fuera y, tras pasar por el Getafe, desembocó en el Real Madrid. Su paso por la cantera blanca fue deslumbrante, batiendo récords y subiendo al primer equipo. Pero en este, aunque logró títulos, no se terminó de consolidar y fue cedido a la Juventus. Seguramente, en Turín vivió sus dos mejores años, en los que comenzó a ser llamado por la selección absoluta. Eliminó a su equipo de procedencia de la Champions y marcó en una final, la perdida contra el FC Barcelona. Muy apreciado por el entrenador, Massimiliano Allegri, y la afición, asumió el reto de volver a casa, y lo hizo en el verano de 2016. En este contexto, en su mejor momento, afrontó la Eurocopa de Francia.

El gol

Y lo hizo como titular, con la complicidad de un técnico que lo conocía bien como Vicente del Bosque. Con confianza, no marcó en el debut, en un duelo decidido al final contra la República Checa, pero fue el protagonista de la segunda victoria del equipo, contra Turquía. Fue en el minuto 34 cuando abrió el marcador.



Después de intentarlo varias veces, Nolito le envió un buen centro por la izquierda. Morata se elevó a la altura del punto de penalti, aprovechó que Mehmet Topal no llegó al esférico y conectó una de sus especialidades, un gran remate de cabeza que supuso el primer gol. Tres minutos después, Nolito anotaría el segundo y, al inicio de la reanudación, Morata completaría su particular doblete con un gol a puerta vacía con asistencia de Jordi Alba.

El jugador, ya del Madrid, también marcó en el posterior duelo contra Croacia, pero España perdió por 2-1, quedó emparejada con Italia en los octavos de final y los transalpinos pusieron punto final a la era de Del Bosque al frente de la selección, aparte de destronar del título el vigente campeón.

Morata inició con ilusión la temporada blanca, pero a pesar de las excelentes cifras, con 15 goles en la liga, y el doblete de esta competición y en la Liga de Campeones, nunca fue titular. El técnico, Zinedine Zidane, lo incluyó casi siempre en su plan B, la alineación que solía jugar en los partidos no tan importantes y el delantero se hartó. Durante el siguiente verano fichó por el Chelsea.

Y arrancó bien, pero poco a poco fue cayendo en picado en su rendimiento y acierto rematador. Este mal final de temporada propició que Julen Lopetegui, quien debía ser el seleccionador en Rusia 2018, lo dejara fuera de la lista pocos días antes de ser destituido. Morata resistió medio año más en Londres hasta que volvió al punto donde había empezado todo, el Atlético de Madrid. A los 28 años, la calidad y las condiciones siguen ahí. Quizás lo que se le acaba es el tiempo.